Corridas de toros en las que no se sacrifican animales (FOTOS)

La costumbre en contra de las muertes en el ruedo parece bien establecida en la provincia La Unión-Arequipa

16 de Septiembre del 2018 - 12:13 » Textos: Renato Abarca » Fotos: Renato Abarca

La tauromaquia, el arte de enfrentar reses en espectáculos públicos, tiene una particularidad importante en La Unión, Arequipa: No se mata al animal en el ruedo.

En esta provincia, donde sus 11 distritos tienen una plaza de toros; vecinos y criadores locales aseguran que la gente no quiere ver morir al animal y solo en contadas excepciones se hacen las denominadas “corridas de muerte”, en las que el torero acaba con la vida de la bestia frente a los espectadores.

Estos actos ocurren más en la capital provincial Cotahuasi y el distrito de Alca, según los propios lugareños. “A la gente le gusta las corridas pero no está muy acostumbrada a que maten a los toros. Ellos se divierten con el capeo del animal”, cuenta Julio Añas, criador de astados en el anexo de Taurisma, distrito de Huaynacotas.

El capeo es el acto de provocar al toro con el capote, una capa colorada con la que se esquiva las embestidas de la res. Es un trabajo arriesgado dado el tamaño de los animales y la corta distancia que tiene el torero para ejecutar las maniobras.

El consejero regional por La Unión y experto en el tema turístico, James Posso, indicó que en Cotahuasi, la gente está muy relacionada con el campo y con la cría de los animales, por lo que matarlos en un espectáculo es considerado sacrílego.

“Hay ganadería de subsistencia y la gente está acostumbrada a sus animales que no quiere verlos sacrificados en la plaza”, mencionó. Por eso es solo la pericia la que mantiene cautiva a la gente que asiste y llenan las plazas locales cada vez que se anuncia un evento taurino. Aunque no sea para ver el sacrificio del animal.

TAUROMAQUIA

La última corrida en la provincia se realizó en honor a Santa Rosa de Lima, patrona del distrito de Huaynacotas. Aquí se presentaron enormes toros de casta de más de 300 kilogramos para el espectáculo.

Los toros de casta en La Unión descienden de ganaderías limeñas que los crían especialmente para las corridas. Por eso su comportamiento es brusco y temperamental, lo que se conoce en la tauromaquia como “bravura”.

El pasado 31 de agosto en Huaynacotas, cuatro ganaderías locales mostraron sus reses al público, que abarrotó su plaza de toros. En el distrito viven 3 mil personas y la mayoría estuvo presente.

LA FIESTA

La presentación de la actividad fue sencilla: las reses ingresaron al campo desde un patio colindante, donde esperan para ser toreados los demás animales según se indique el cartel del evento. Bandas de músicos de tres familias o “cargontes”, los patrocinadores del evento, amenizan cada vez que una bestia sale al ruedo.

El torero se acerca al animal para poder capearlo y no perder su atención. Se considera una buena faena si el toro responde al capote, embiste contra él mientras él muestra determinación y solvencia para esquivar los empujones al aire.

En Huaynacotas hubo algunas decepciones porque ciertos bovinos no respondieron bien y fueron retirados a sus galpones rápidamente. “Es porque ya están jugados. Ya fueron toreados varias veces y saben qué es la corrida, así que no atacan”, menciona Ofelio Cruz, un criador de Cotahuasi.

Pese a estos incidentes, la presencia de los animales llama la atención del público. En un momento de la corrida, un astado responde al capeo y logra golpear a un aficionado en la pierna. La cornada le deja una herida sangrante y todo el mundo se arremolina para observar si se trata de un golpe fatal o si solo le dejó un corte de cuatro centímetros de largo.

La población le pide que se retire, pero el accidentado no desea salir y se resguarda en uno de los tabladillos verticales que hay en el contorno interno del ruedo. “Estas cosas pasan pero no llegan a mayores, es más, genera emoción en el público”, asegura María Pasa, una vecina de Huaynacotas.

Cuando termina el evento los toros son devueltos a camiones para trasladarlos a sus campos. Allí vivirán pastando hasta un próximo evento y cuando tengan más años serán vendidos como carne, no sin antes haber dejado descendencia para continuar su linaje de lidia.

“Como no está la tradición de morir en el ruedo la gente rechazaría que matáramos al animal y nosotros como ganaderos les entendemos”, comenta el criador local Richar Allazo. 

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