La verdad detrás del pasaporte de la República Independiente de Arequipa (FOTOS)

Fredy Castillo Neyra relata cómo es que nacieron las célebres frases que marcaron los primeros pasaportes arequipeños, al amparo de una fábrica.

30 de Agosto del 2015 - 12:44 » Textos: Gustavo Pino » Fotos: Gustavo Pino

Era el año de 1982. Una huelga de trabajadores industriales había dejado en un silencio adormecedor las oficinas y la planta de la empresa Leche Gloria S.A. de Arequipa. Fredy Castillo Neyra se encontraba sumergido entre papeles, cuando un hombre de mediana estatura entró y le dijo que el gerente general, Berner Heaberli, lo llamaba. Se dirigió apresurado con la interrogante de qué podía haber pasado.

El chirrido de sus zapatos en contacto con el piso recién lustrado vencía el silencio de los pasillos.

-Yo ya había ganado el Festival de Música Inédita de Arequipa, un par de años atrás, interpretando el tema “No sé si es amor”. Era bastante conocido por eso” -dice Fredy Castillo, con un brillo peculiar en sus ojos. Los recuerdos se le agolparon.

-"Me llama mi gerente, al cual queríamos mucho, fue un excelente ejecutivo y manejó muy bien la empresa, yo no sabía si me llamaban porque había hecho algo muy bueno o algo muy malo, porque cuando estás en una empresa grande y te llaman es por una de las dos razones”, agregó.

Tocó la puerta con los nudillos de la mano derecha empuñada. Pasó cauteloso y timorato. Heaberli lo invitó a tomar asiento. Trató de sentirse cómodo: cruzó las piernas y apoyó sus manos en los brazos de la silla. El gerente le enseñó un pasaporte de color verde, logró ver el escudo de Arequipa, se sorprendió, el alma se le vino al cuerpo.

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MEMORIAS. En ese tiempo -explicó Castillo-, ya lo habían cambiado a color guinda, pero él me ensaña el antiguo. Debo confesar que yo estaba un poco muñequeado, hasta que vi el escudo de la República Independiente de Arequipa. Ya sabía por a dónde iba el asunto.

Las conversaciones empezaron a ser amenas. Los cambios de opinión, risas y miradas cómplices no se hicieron esperar.

-Me propuso hacer el texto de lo que sería el primer pasaporte de la República Independiente de Arequipa, pero de una forma parodiada, divertida y sin tratar de ofender a nadie. Sin embargo, hay otras versiones que dicen que el autor fue mi queridísimo amigo Willy Galdós, pero eso fue muchos años después. Incluso hubo derechos reservados de Leche Gloria. Además, ellos copiaron muchas cosas del original que creamos. Pero no tenemos ningún tipo de rencor… Si se suman buenas ideas, ¿por qué no hacerlo? La idea del pasaporte arequipeño nadie puede apropiársela, es del pueblo.

Terminada la reunión, Fredy, con una sonrisa imborrable en su rostro, se dirigió a su oficina. Cogió papel y lo enrolló en su máquina de escribir Underwood. Meditó por unos minutos y empezó a aplastar las teclas con sus dedos. Las palabras fueron saliendo con naturalidad.

“Me acuerdo que le pregunté: Ingeniero ¿Cuánto tiempo me das para esto?. Él me respondió: No sé, ¿cuánto necesitas?’. Yo moví la cabeza en forma de duda. Finalmente me dijo: Te doy dos semanas’ Y así lo hice”.

Una vez terminado el trabajo, fue revisado minuciosamente por Rubén Rivera, relacionista público de la empresa Leche Gloria en ese tiempo. La imprenta encargada de reproducir el ejemplar fue “Cuzzi”. Se logró hacer mil ejemplares firmados por Julio Ernesto Granda y Raúl Obando, y se entregaron, en noviembre del mismo año, en la Conferencia Anual de Ejecutivos, como parte de la bienvenida a la Ciudad Blanca.

-El primer pasaporte se le entregó al presidente Fernando Belaúnde Terry; el segundo fue para su esposa Violeta Correa; el número tres fue para Manuel Ulloa que era presidente del consejo de ministros -Fredy hizo una pausa, y continuó- Ese pasaporte dio la vuelta al mundo.

Fue todo un acontecimiento. Y cuando vino el papa Juan Pablo II, también se le entregó uno.

PEDIDOS. Las llamadas de los arequipeños esparcidos en todas partes del mundo no se hicieron esperar, todos querían un ejemplar.

-Estamos en todas partes y nunca nos olvidamos de nuestra tierra -señaló Fredy, con el pecho henchido-. Reflejamos en esas cuantas páginas la idiosincrasia del arequipeño.

En vez de una huella digital, hay una huella plantar. También se pone cosas muy graciosas como colocar domicilio con vista al Misti o con vista al mar; tipo de cabello, si ya no tiene dejar en blanco; grupo sanguíneo, en caso de sangre azul indicar si tiene hija soltera -carcajadas brotaron en el momento-. Después hay escritos en prosa, donde cuento, pues, ese chiste de:

“Dios mío protestaron todas las ciudades, no puede ser que a esa ciudad le pongas tres volcanes maravillosos, un río que cruza la ciudad…”

Fredy Castillo Neyra nació en Camaná. No tiene menos de cuarenta ni más de ochenta años. Es abogado de profesión y un apasionado al fútbol.

Tiene 4 hijos, que son sus milagros, como dice. Trabajó por más de 15 años en la empresa Leche Gloria S. A.

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