En medio de la pandemia causada por el coronavirus, la zona B del asentamiento humano Embajada de Japón en Cayma, padece el aislamiento obligatorio sin agua potable, con peligrosas amenazas de desalojo a terrenos ocupados y bajo las violentas ráfagas que ya dañaron más de 30 viviendas en la zona.
En las últimas 24 horas, la población ha visto como cada una de estas situaciones recrudece su vida ya afectada por la falta de ingresos económicos.
CARENCIAS. El lunes por la mañana un grupo de 400 vecinos se movilizó hasta la planta de agua potable La Tomilla II, ubicada a 500 metros de sus viviendas, para exigirle a SEDAPAR la conexión domiciliaria del recurso ya que según indican los manifestantes, solo reciben 10 baldes del líquido por familia a la semana.
Su protesta fue dispersada con gases lacrimógenos por agentes de la Unidad de Servicios Especiales y de la comisaria Acequia Alta. Detuvieron a cuatro por alterar el orden público y desobedecer la ley en estado de emergencia, y los soltaron luego de un día en el calabozo.
Según el dirigente Juan Huarca Gonzales, en el poblado ya están enterradas las redes para el agua y solo hace falta el empalme. "Necesitamos que nos permitan tener el agua. Es un derecho. La impotencia que nadie nos escuche es que nos ha sacado a las calles", señaló.
DAÑOS INVASORES. Ayer por la noche el golpe del viento derribó techos, muros y arranco arboles medianos de raíz en el distrito, registrando 70 accidentes entre leves y graves. La Municipalidad de Cayma informó que al menos el 50% de esos daños ocurrió en el asentamiento. En este lugar donde viven más de 1200 personas, proliferan las viviendas levantadas con bloquetas o material prefabricado que deben soportar además de los ventarrones, el gélido calor propio de la temporada.
El SENAMHI advirtió que podrían ocurrir ventiscas de hasta 30 kilómetros por hora, entre el 27 y 29 de mayo.
Para agravar la situación en el lugar, hoy por la tarde varios matones sacaron a una mujer y a su hijo pequeño de un terreno abandonado dejándola con sus pertenencias en la calle, como se corrobora en un vídeo al que Correo tuvo acceso. La joven madre se había refugiado en el predio en una habitación endeble, debido a que por el estado de emergencia y la paralización de trabajos, no pudo pagar el alquiler del alojamiento donde residía hasta hace unas semanas.
En el asentamiento otros cuatro predios abandonados son ocupados familias desahuciadas y los vecinos temen que se repitan los hechos violentos. Sobretodo porque parecería, dicen ellos, que el viejo comportamiento de las mafias de terrenos estuviera reviviendo, una sombra que no se quiere en la asociación.

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