Los cuadros para la eternidad de Germán Alarcón, “Kinkulla”
Los cuadros para la eternidad de Germán Alarcón, “Kinkulla”

Luego de una larga y complicada operación a la que se había sometido, murió la mañana de este en el hospital Almenara, el gran acuarelista arequipeño Germán Alarcón Cornejo (1947), conocido como “Kinkulla”.

El destacado artista se caracterizó como uno de los mejores exponentes de paisaje, lo que le valió para obtener importantes reconocimientos nacionales e internacionales y sus obras se exhiben en diversos museos y colecciones privadas por todo el mundo.

SU HISTORIA. “Kinkulla” nació en el tambo de La Cabezona, bajo el puente Bolognesi y su cercanía al río Chili y al paisaje del entorno de aquellos años, le despertaría un inusitado interés en la variedad cromática de ese paisaje. Junto a su hermano solían recorrer las casas tocando sus pinkullos (instrumento que consiste en una caña con 5 agujeros, similar a una quena) en la época de la Navidad, “adorando al niño” y los amigos del tambo le pusieron como apodo “Kinkulla”, por la semejanza fonética con el pinkullo; y así se quedaría para siempre.

Tuvo la suerte de ver a muchos pintores que solían visitar la vieja casona y los alrededores para pintar, allí vio trabajar al maestro Alejandro Núñez Ureta y a José Marcelo Uría, quienes solían compartir conversaciones y consejos a los chicos que se interesaban en el arte. Salía a pintar al campo junto a sus amigos Luis Palao y Mauro Castillo, con quienes exploró el manejo de la acuarela al aire libre.

Cada año viajaba a Lima en busca de nuevos temas; casi siempre vinculados al mar y a la pesca, que es otra de sus aficiones. Se estableció por temporadas en la capital y puso un taller en Chorrillos, cerca al mar y pintó durante mucho tiempo a los pescadores de la zona y sus interminables faenas diarias.

MEMORIAS. En el año 1974 ganó el premio Copesco Cusco, al ser considerado como el cultivador de la acuarela mediante la atracción del gran realismo, naturalismo, los animales, el campo y el paisaje, detalles preferentes en su arte. En el año 2009, “Kinkulla” también fue distinguido con el reconocimiento a la Mejor Obra Artística con motivos pesqueros artesanales por su contribución al desarrollo de este sector.

El aporte que ha hecho a la historia de la acuarela arequipeña ha sido, sin duda alguna, el preservar la vieja escuela de los pintores tradicionales, manteniendo la transparencia del color y buscando la voz estética de su propuesta. Desde hace años estableció su residencia en Calca, un apacible pueblito cusqueño donde dedicaba largas horas a pescar trucha y a pintar; y su casa era visita obligada por los turistas para verlo pintar y adquirir sus obras.

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