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Las intensas lluvias dejaron un escenario crítico en varios distritos de la ciudad. Characato, Sabandía y fueron los más afectados por precipitaciones de alta intensidad que, en cuestión de minutos, generaron inundaciones, colapso de vías, pérdidas materiales a familias que hoy lo han perdido casi todo.
En el distrito de Characato, el panorama fue particularmente dramático. Según el balance preliminar de la municipalidad, al menos 60 viviendas resultaron dañadas, principalmente en sectores ubicados en quebradas y zonas bajas. Las calles se convirtieron en verdaderos ríos de agua, lodo y piedras, ingresando con fuerza a las viviendas y obligando a los vecinos a romper paredes y puertas para permitir el desfogue y evitar que el agua siga acumulándose en el interior.
JUVENTUD CHARACATO
Uno de los puntos más golpeados fue la asociación Juventud Characato zona 2, en la calle Mosopuquio, donde la lluvia, que duró una hora, fue suficiente para provocar una emergencia sin precedentes. Los vecinos relataron que el agua descendió desde las partes altas con tal fuerza que no hubo tiempo de reaccionar ni de proteger sus pertenencias.
Una de las afectadas es Elena Zambrano, vecina de la manzana Q, lote 32, quien vivió momentos de terror al quedar atrapada sola dentro de su vivienda mientras el nivel del agua seguía subiendo. “Yo sentía que venía algo con fuerza, como un huracán. El agua entró de todos lados y ya no podía sacar ni con baldes”, relató la mujer, aún afectada emocionalmente por lo ocurrido.
La vivienda de Elena quedó completamente anegada. Para evitar que el agua siguiera acumulándose, los propios vecinos tuvieron que romper una de las paredes del dormitorio. “Mi colchón se mojó, mis víveres flotaron, todo se perdió. Pensé que el agua me iba a jalar, ya me despedí”, contó la afectada, quien pasó la noche en casa de una vecina debido a que su hogar quedó inhabitable.
A pocos metros, el caso de Dionisia Fabián, en la manzana Q, lote 25, fue ella quien difundió un video pidiendo auxilio desesperada. En las imágenes se escucha su voz quebrada solicitando ayuda, mientras su hijo de 28 años permanecía dentro de la cocina intentando abrir un hueco para que el agua pudiera salir.
“El agua venía de ambos lados y no paraba de subir. Mi hijo estaba adentro y yo ya no podía entrar. Por eso pedí auxilio, por él”, explicó Dionisia, quien aseguró que ninguna autoridad llegó en el momento más crítico, pese a la gravedad de la situación.
El nivel del agua en su vivienda alcanzó casi un metro y sesenta centímetros, afectando la cocina, dormitorios, muebles, electrodomésticos y dejando la casa en condiciones inhabitables. “Han venido, han tomado fotos y se han ido. No ha llegado ayuda, ni motobombas, ni sacos, nada”, reclamó indignada la vecina.
En la misma asociación, el obrero Alfredo Apaza, vecino de la manzana Q, lote 26, también sufrió pérdidas considerables. El agua arrasó con todas sus herramientas de trabajo, incluidos dos rotomartillos y otros equipos de construcción, además de una computadora y una impresora utilizadas por sus hijas para estudiar. “Yo vivo de mi trabajo diario y ahora me quedé sin nada”, lamentó.
El caso que más preocupación genera entre los vecinos es el de María Aguilar, quien vive en la manzana U, lote 7, sola con su nieto, a quien cría desde que su hija falleció cuando el menor tenía apenas un año. Detrás de su vivienda se ubica un coliseo de peleas de gallos que quedó completamente inundado tras las lluvias.
El agua estancada en dicho coliseo comenzó a filtrarse hacia la vivienda de María, inundando su cocina y dos habitaciones, las cuales quedaron totalmente inhabitables. A ello se suma la muerte de los cuyes que criaba para su sustento, ahogados por la gran cantidad de agua que ingresó. “El agua sigue entrando y nadie viene a limpiar ni a desfogar”, contó la mujer.
En la asociación Nuevo Amanecer, una familia integrada por Rubén, su esposa y sus dos pequeños lo perdió prácticamente todo tras el ingreso violento de agua y lodo a su vivienda. El barro cubrió tarimas, colchones, mantas, juguetes de los niños y equipos domésticos, mientras que el agua alcanzó incluso el vehículo del jefe de familia, herramienta indispensable para su trabajo como taxista,
La tragedia se agravó con la muerte de cuyes y gallinas que criaban para el consumo familiar. La esposa de Rubén señaló que el desastre se habría originado por desfogues mal direccionados desde la parte alta, que canalizan el agua directamente hacia las casas, y exigió la intervención inmediata de la municipalidad, denunciando además la ausencia de apoyo durante la emergencia.
SABANDÍA
La emergencia también golpeó con fuerza al distrito de Sabandía, donde asociaciones quedaron prácticamente incomunicadas debido al colapso de las vías de acceso. Uno de los sectores más afectados fue la asociación de vivienda La Granja, donde las lluvias dejaron las trochas convertidas en cauces de lodo y piedras.
La presidenta de la asociación, Danna Castro Heredia, informó que solo una hora y media de lluvia fue suficiente para bloquear completamente los principales ingresos. “Tenemos población adulta mayor que no puede movilizarse a pie. Hoy ningún vehículo puede ingresar, ni taxis, ni motos”, explicó.
En Ampliación Sabandía, el carpintero Alejandro Sucaype fue afectado seriamente, dejando pérdidas de hasta 4 mil soles. El agua dañó maquinaria, madera, melamine, muebles y artefactos. Junto a su familia, tuvieron que levantar pequeños muros para evitar que el agua ingrese nuevamente a su vivienda.
YURA
La situación fue igualmente crítica en el distrito de Yura, donde el incremento del caudal del río Yura afectó la zona La Rosa, en el pueblo tradicional de La Calera. El agua ingresó a las chacras, arrasó cultivos de alfalfa y se llevó hasta a 4 borregos que se encontraban amarrados en la ribera, dejando pérdidas de hasta 6 mil soles.
El agricultor Henry relató que el desborde ocurrió sin que lloviera en la zona. “Seguro ha llovido en la parte alta. El río vino con lodo y piedras, se llevó cuatro borregos y malogró un topo de alfalfar”, explicó, señalando que tuvo que contratar maquinaria por su cuenta ante la falta de apoyo.