Toro Muerto: condenado al olvido e indiferencia

Un guardián y su mascota protegen la herencia histórica de nuestros antiguos pueblos, hoy amenazada por los depredadores
Toro Muerto: condenado al olvido e indiferencia

Toro Muerto: condenado al olvido e indiferencia

29 de Octubre del 2016 - 10:03 » Textos: Ibón Machaca » Fotos: Zintia Fernández

Desde las 6 de la mañana, Robert Sulla Cruz y su fiel Coqui, un perro sin pelo peruano, marchan a diario a Toro Muerto para vigilar más de 5 mil rocas. No son cualquier tipo de roca, estas tienen grabada la historia de nuestro pasado contada en el año 1000 después de Cristo.

Los petroglifos que hay en Toro Muerto corresponden a importantes culturas como Wari, Chuquibamba e Inca, nos informa Sulla Cruz, quien es responsable de este sitio arqueológico, ubicado en la margen derecha del río Majes, en el distrito de Uraca - Corire, provincia de Castilla.

DAÑOS. Sin embargo, a lo largo de los años personas inescrupulosas han venido dañando con pintas este repositorio, considerado el más grande del mundo. Además, el área se ve amenazaba por la expansión de los cultivos de uva, debido a que carece de un cerco perimétrico.

La Dirección de Cultura de Arequipa ha encomendado su protección a Robert Sulla, quien desde hace ocho años vigila y sirve de guía de turistas en este complejo de más de 5 kilómetros de área. Sin embargo, se hace evidente el escaso apoyo de las autoridades para preservar este valioso sitio turístico.

Los petroglifos fueron descubiertos en 1951 por el arqueólogo Eloy Linares Málaga. El nombre de Toro Muerto se debe a que antiguamente los comuneros venían a enterrar allí a su ganado, manifiesta Sulla.

Pero lo peculiar de este nombre también se vincula con el valle. Curiosamente, el pueblo por donde se ingresa a los petroglifos se llama anexo Torete, después viene la hacienda Toro Grande, luego Toro Chico y finalmente se llega a Toro Muerto.

Trasladarse hasta este sitio tarda alrededor de 15 minutos en auto desde la plaza del distrito de Uraca. El camino es de tierra y piedras lo que origina que se levante una gran polvareda a su paso. Una vez allí, comienza el ascenso a pie por el cerro donde descansan estas rocas. El sol es abrazador y la temperatura no desciende de los 30 grados, pese a ser primavera. El agua y el sombrero son lo importante para quienes deseen hacer la caminata.

Las rocas tienen origen volcánico y se cree que formaron parte de la explosión de un macizo hace millones de años. “Hay una tesis de un vulcanólogo que dice que, probablemente, nos encontremos dentro de un cráter que al intentar explotar desfogó como un chorro y por eso se ve como un chorro”, señala. Algunos expertos indican que ese volcán era el Chachani o el Coropuna.

GRABADOS. En las piedras están grabadas figuras de hombres, animales, plantas típicas de la zona, pero también hay figuras extrañas y que algunos dicen que representan a los extraterrestres. Para el especialista, este sitio histórico era un centro donde los antiguos peruanos adoraban a sus dioses. “Toro Muerto es una respuesta a una desesperación por la sequía. Van a ver los danzarines que siempre bailan con una mano hacia arriba, porque están mostrando su respeto al dios Sol para que les brinde lluvias”, señala.

El arqueólogo español Pablo Novoa Álvarez, investigador del arte rupestre en el mundo, hizo una visita a este sitio el 3 de abril de 2014, según consta en un video en Youtube. Durante su recorrido observó algunas figuras que según manifestó demostraban la semejanza entre la cultura peruana y otras culturas como la de Atlántida y Galicia en España, Islas Canarias y del atlántico brasileño. Concluyó que estas representaciones podrían demostrar que hubo una civilización madre.

En su visita pidió a las autoridades de nuestro país promover el cuidado de este sitio arqueológico para que no exista solo una persona a cargo de protección.

Robert trabaja doce horas cuidando este sitio. Su labor de vigilancia la comparte con la de guía, pues en la zona no hay disposición de este personal. Habla inglés y francés para el bien de los extranjeros que llegan hasta este lugar.

Como su labor es cuidar que las piedras no sean dañadas, Robert recorría este campo en bicicleta por lo que le era difícil perseguir a las personas que las maltrataban o incluso buscaban llevárselas, ahora tiene una cuatrimoto que le entregó la Dirección de Cultura, tras varios pedidos. Siempre que sale a recorrer lleva a su mascota para no sentirse solo.

“Se necesita más cuidado, pero tenemos las herramientas necesarias… primero mi persona, tenemos movilidad para estar constantemente en este lugar, binoculares, señal de telefonía, tenemos comunicación en el momento con la Policía y con serenazgo siempre y cuando lo solicitemos”, nos describe.

Desde que está a cargo, son pocas las veces que han entrado a romper o pintar las piedras porque continuamente sale a inspeccionar. La persona que ingresó antes que él no supervisaba y tenía problemas con los taxistas porque no les permitía el ingreso hasta el reposorio, dice.

En los años de trabajo ha reportado la destrucción de dos rocas. También informa que existieron intentos de invasión de parte de algunos agricultores que intentaron apropiarse de las tierras de Toro Muerto para sembrar sus uvas. Dijo que el caso fue puesto de conocimiento a la Dirección de Cultura de Arequipa.

La entidad se ha visto en la necesidad de escanear las rocas para que a través de un código puedan ser monitoreadas vía satélite, agrega.

FALTA APOYO. Olga Sulla, exresponsable de la Oficina de Turismo del distrito es consciente del poco apoyo que se le da al patrimonio cultural. Lamentó que las autoridades no le den el debido cuidado a este sitio arqueológico. “La conservación no se está haciendo, ni siquiera hacen inversión”, subrayó.

La expansión del área agrícola le resta terreno al complejo. Hace 10 años, tuvieron que llamar a la Policía para que no continúe el ascenso a esta zona arqueológica.

“Un vigilante no es suficiente, quién cuida cuando no esté él. El Ministerio de Cultura cobra por el ingreso, debería invertirlo en su cuidado. Parece como si estuviera abandonado”, explicó.

Pero no solo eso, señaló que la municipalidad ha dejado de lado proyectos interesantes que podrían repotenciar el turismo como por ejemplo el proyecto de los “Petroglifos de Pitis y la Mezana”, en la margen izquierda del río Majes y que serían una continuidad de los que existen en el complejo de Toro Muerto.

La exfuncionaria indicó que desde que se retiró de la comuna en diciembre de 2015, el proyecto ha quedado paralizado.

Sin embargo, los productores de vinos y pisco del valle de Majes, así como los guías de turismo, guardan la esperanza de que ingrese a funcionar el proyecto de las Rutas del Pisco, para que puedan atraer a turistas que, además de recorrer los viñedos puedan visitar los atractivos como los de Toro Muerto.

En la actualidad, este sitio arqueológico apenas recibe la visita de entre 50 a 250 personas cada mes. El responsable Robert Sulla señala que la mayor cantidad de los visitantes llegan entre los meses de agosto, setiembre y octubre, mientras que el resto de los meses la cifra puede ser de casi dos visitantes al día.

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