En memoria de Wilson Cisneros, el mártir olvidado
En memoria de Wilson Cisneros, el mártir olvidado

El 28 de julio es una fecha en la que se renuevan las esperanzas de un mejor país y en la que, tal vez, nos sentimos un poquito más peruanos. No solo es la fecha en la que se independizó nuestra patria, hace 194 años; es el momento propicio para enorgullecernos de lo que somos y revalorar lo que la historia y nuestros antepasados nos han heredado. 

Sin embargo, hay personas que han llevado ese amor por la patria a otro nivel. Muchos de ellos, lamentablemente, no están impregnados en la memoria colectiva, y no necesariamente por culpa nuestra, sino por la falta de interés de las autoridades, quienes son las llamadas a difundir a quienes escriben las páginas de nuestra historia.

Un caso simbólico es el de Wilson Cisneros Cabos, un valiente soldado chimbotano, quien, en defensa de la patria, perdió la vida en 1995, durante el conflicto del Cenepa, entre Perú y Ecuador.

VEINTE AÑOS DESPUÉS. Han pasado ya 20 años desde aquel episodio pero las heridas aún no han cerrado para la familia del suboficial de segunda del Ejército Peruano.

“Las Fiestas Patrias nos hacen recordar que mi hermano dio su vida por esa bandera, pero sentimos un pesar muy grande porque a pesar de ese sacrificio las autoridades no respetan su memoria”, nos cuenta Luis Cisneros Cabos.

TRISTE RECUERDO. Todavía está fresco el recuerdo de aquel agravio que sufrió la familia cuando, en octubre del año 2009, la Municipalidad Provincial del Santa ordenó retirar el monumento que se construyera en su honor y que se ubicaba en la entrada del antiguo mercado El Progreso. "Era lo único que les quedaba de él, pues jamás han visto sus restos. “Ni siquiera la alcaldesa en ese entonces (Victoria Espinoza) pidió permiso a la familia para retirar el monumento”", recuerda Luis.

Tuvieron que pasar cinco años para que la ofensa sea subsanada. La gestión municipal pasada encontró la estatua de acero en el taller municipal y la reubicó en la berma central de la avenida Pardo. Un consuelo, en medio de la tristeza.

“La vida militar era su sueño, desde siempre le gustó”, recuerda su padre, Asunción Cisneros Arreaga, pero no puede evitar sentirse mal cuando evoca también el trágico momento de su inmolación. “Fue un 4 de febrero de 1995, a las 6 de la tarde, mi hijo tenía a su cargo un pelotón de 25 hombres y de repente pisó una mina. A pesar de eso, protegió la vida de sus soldados y les pidió que se vayan mientras él tenía el pie puesto sobre la mina. Cuando los demás ya estaban lejos, retiró el pie y explotó. Quedó mutilado”, dice don Asunción.

Wilson siguió luchando en la zona minada por varias horas más, con una pierna destrozada y perdiendo sangre a cada segundo. A las 9 de la noche no pudo soportar más y falleció desangrado. Tenía una esposa y un bebé de solo cuatro meses de nacido.

ETERNA ESPERA. “Han pasado 20 años y nunca hemos visto su cuerpo ¿Dónde estarán sus huesitos? ¿Dónde estará mi hijo?”, se pregunta desconsolada su madre, Alix Cabos, mientras observa uno de los muchos retratos que tiene del héroe en la sala de su humilde casa.

A estas alturas, sus padres y hermanos no esperan nada más que velar, algún día, sus restos. “Queremos tener un lugar a donde ir a rezarle, a decirle que fue un gran hombre”, refiere Asunción, ya cansado por los años. Tanto él como su esposa y sus hijos no creen ya en las promesas del Gobierno, que en algún momento ubicó el paradero de su cuerpo, pero nunca lo retiró del lugar.

La esposa de Wilson y su hijo, ya con 20 años y una carrera profesional en proceso, viven en San Miguel (Lima), en un departamento donado por el Gobierno, pero sus padres han sido totalmente olvidados. Sin embargo, el orgullo de saber que su hijo es un héroe nacional los mantiene firmes.

Tal vez, pese al oprobio, algún día los libros de Historia contarán acerca de su valor y le darán el lugar que merece, porque el Perú es de todos y para todos. Y Wilson dio su vida por ello.