Crónicas en Cusco: 'Laguna de Huacarpay, espejo del tiempo'

El Atelier nos muestra una visión diferente de los sucesos cotidianos, hermosos y hasta extraños en la Ciudad Imperial.

23 de Marzo del 2016 - 07:35 » Textos: Armando Álvarez » Fotos: Correo Cusco

Luego de un reparador desayuno en el rico Cusco, salí con la Michichay rumbo a nuestro nuevo destino, un lugar cercano donde se combina naturaleza, ecología, y vida silvestre; algo difícil de imaginar considerando el gran crecimiento de Cusco devorándose las áreas verdes que paulatinamente han ido desapareciendo de la ciudad, el auto tomó la carretera que va rumbo a Puno, de pronto cruzamos por una espléndida vía rápida que atraviesa parte de la ciudad dándole un respiro a las otras vías, además de otorgarle un aire moderno a la cada vez más congestionada Ciudad Imperial.

La amplia avenida termina en un puente a las afueras de la ciudad, lo malo de esta ruta es pasar por el pestilente rio Huatanay cuyos olores pusieron a prueba nuestros sentidos, al fin no tardamos mucho en llegar a Saylla, luego pasaríamos aquel poblado lleno de hornos cuya fama se remonta a épocas incas llamado Oropesa y casi sin sentirlo estábamos pasando Pikillacta para en minutos y a través de una buena carretera llegar a el poblado de Lucre, que nos recibe con su tranquilo ambiente rural con gente que anda sin prisa y en paz.

Tomamos la carretera yendo a la izquierda y de pronto apareció ante nuestros ojos este esplendido ojo de agua de casi 2,000 has que acurrucado descansa cercado por unas montañas que lo cobijan brindándole al ambiente un microclima más que agradable. Unos patos silvestres nadan distraídos mientras otros se animan a caminar confiados en los verdes bordes de grama de la laguna, me detengo en unos letreros donde se lee que esta prohibida la pesca de truchas y decido treparme en uno de los dos miradores que casi mimetizados se yerguen unos 5 metros de altura y desde donde hay una vista espectacular de casi la totalidad de la laguna.

El clima en minutos de torna hostil, una fuerte llovizna nos hace volver a nuestra movilidad pero en otros pocos minutos el sol de este cálido valle nos regalaba tibias caricias, nada mal para obtener mejores fotos de este lindo lugar, al otro lado de la laguna en lo que parece ser un desfogue de sus aguas, muchas mujeres metidas hasta las rodillas lavan contentas sus frazadas, hablan en quechua y se hacen bromas mientras sus hijos nadan felices pescando una rara especie de pez llamado por los lugareños chiñi challwa, en la atmósfera se respira un ambiente coloquial lleno de cómplice familiaridad y disfrute.

Jóvenes recién salidos de la laguna me cuentan que el nombre de Huacarpay deriva de Huacar (garza). Apostada estratégicamente en la parte superior norte de la laguna se encuentra la ciudadela Wari de Pikillaqta dando fe que desde épocas remotas el área había sido ya ocupada por el hombre. El Dios sol está de nuevo en lo alto rodeado de un inmejorable cielo azul y ya a mi retorno pienso que quizá estas mujeres y niños hacen uso del agua de esta laguna como desde hace milenios lo hacían sus ancestros en un claro ejemplo de convivencia entre la población con su medio ambiente.

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