El gerente de gestión ambiental de la Municipalidad Provincial de Huancavelica, Simeon Cusi De la Cruz reconoció que en sus manos tiene “una bomba de tiempo”.

Ello luego de que la comunidad de Pucarumi se negara a dar paso a más camiones de residuos al botadero que la comuna venía usando desde el 2017.

Cusi De la Cruz no quiso decir dónde están guardando las ya casi 75 toneladas de basura que recogieron desde el lunes, sin embargo, instó a la comunidad a continuar con el diálogo.
Como se informó, la comunidad acusa a la Municipalidad de mal manejo de los residuos sólidos, los cuales están expuestos.

En el botadero se evidencia presuntas filtraciones de lixiviados, además de dos trincheras de confinamiento con residuos expuestos. Ante ello, dijo que los residuos tienen tres semanas expuestos y afirmó que pondrán una chimenea para que emanen los gases tóxicos, como pide la norma.

La comuna afirmó que se va a comprometer a mejorar el tratamiento y a evitar que más contaminación. Cusi mostró preocupación porque desde el lunes no pueden entrar a fumigar y que eso generará un aumento considerable de moscas.

MALTRATO. Como parte del convenio para el uso del terreno, la comuna le daba 20 puestos laborales a la comunidad de Pucarumi y otros 24 a Callqui Grande.

Uno de los trabajadores de la planta, Walter Paitán Calderón, afirmó que les dan implementos del cuello para abajo y que del 2019 les dieron un uniforme y que este año nada.

“No hay para cambio, a veces en tiempo de lluvia nos mojamos y no tenemos para cambiarnos. Tenemos que trabajar con el uniforme sucio, cumplimos 7 días con guantes sudados sin poder lavarlos”, afimo Paitán.

Dijo que les dan franelas en lugar de mascarillas para cubrirse la boca, lo que les incomoda, pues se caen a cada rato y que no tienen espacio adecuado para vestirse ni comer.

La comunera Alicia Aponte dijo que los trabajadores tienen malestares estomacales y que los uniformes los “heredan” a los nuevos trabajadores.

Ante estas quejas, el gerente Cusi De la Cruz afirmó que les dieron botas industriales, que no fue uno, sino dos mudas de uniformes por cada trabajador que entran y que estos no son heredados.
“Los trabajadores prefieren usar franelas y no mascarillas”, aseguró.