Por los años que tiene la Maratón de Los Andes ha logrado un aspecto típico, grato, popular y significativo en el valle del Mantaro.
Con un sol resplandeciente, que le daba un color prístino y verdoso a la alfombra multicolor del valle del Mantaro, ayer se revivió una edición más de la fiesta del atletismo de élite del centro del país: La Maratón Internacional de Los Andes.
SABOR A PUEBLO. Miles de pobladores salieron de sus casas para ver a los atletas esforzar sus piernas para competir por vencer sus propias marcas. En el paso a poso, los pueblos de la margen izquierda de nuestro bello valle, los pobladores prepararon arcos de globos y ramas para recibir el paso de los vencedores y desafiantes. Campesinos y citadinos vitoreaban los números de los maratonistas alentándolos a llegar más lejos cada vez.
Aunque la principal atracción eran los atletas de élite, entre aplausos y gritos de aliento, los espectadores se asombraron también con el paso de un chasqui veterano, una mujer con trenzas y fustán, un ashaninka con su cushma, y hasta hombres y niños con sillas de ruedas. Muchas madres también corrieron con sus hijos, en emotivos cuadros de superación familiar.
Al finalizar celebraron su proeza , y también vencieron sus propios miedos.

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