El visitante llega a Huancayo, escucha el ritmo del Huaylarsh y observa a los danzantes zapatear. Pero ¿qué ocurre cuando puede vestirse con la indumentaria tradicional, aprender los movimientos y descubrir qué representa cada paso? Esa es la experiencia que ofrece La Casa del Huaylarsh, una iniciativa que busca convertir la danza emblemática del Valle del Mantaro en un atractivo de turismo vivencial.

“El turista no puede ser parte de Machu Picchu porque es una construcción ya hecha. Pero sí puede ser parte del Huaylarsh”, explica Gary, quien junto a Jennifer apuesta por una propuesta que va más allá de observar una presentación folclórica: busca que los visitantes comprendan y experimenten la cultura huanca.

La idea surgió cuando ambos participaban en instituciones folclóricas y advertían que se enseñaban los pasos sin explicar suficientemente su significado. “¿Disfrutamos de qué si no lo entendemos?”, recuerda Gary sobre la inquietud que los llevó a crear un espacio donde la danza se explique desde sus raíces agrícolas, históricas y culturales.

La colección comenzó con un bordado elaborado por la madre de Jennifer, quien confeccionaba fustanes y conservaba prendas antiguas. Una de ellas estuvo a punto de ser desechada o quemada, hasta que el proyecto le dio un nuevo valor. “Es como una herencia que mi mamá nos ha dejado”, cuenta Jennifer. Actualmente, la exhibición reúne vestuarios, fajas, sombreros, mantas y pañuelos que permiten explicar los símbolos y las tradiciones del Valle del Mantaro.

Experiencia

Durante las visitas, los turistas conocen la indumentaria y aprenden pasos relacionados con las labores del campo. El Alfa Lutui representa el corte de alfalfa para alimentar al cuy; el Champa Ticlay, el trabajo de remover la tierra, y el Uchuyay, la molienda del ají en el batán. La propuesta recibe visitantes de distintas regiones del país y del extranjero, quienes participan en la danza y conocen la historia detrás de sus movimientos.

Comunidad

La iniciativa también busca generar ingresos para jóvenes estudiantes que integran el elenco y orientan a los visitantes, además de abrir oportunidades para bordadores de Huancán, confeccionistas de sombreros de Cajas y productores de cerámica. Asimismo, agrupaciones folclóricas han contribuido con prendas y accesorios para ampliar la colección. “No es un conjunto más, es un espacio para que todos conozcan su historia”, sostiene Gary.

Actualmente, La Casa del Huaylarsh atiende mediante reservas y recibe entre 20 y 30 visitantes cada fin de semana. Sus impulsores han establecido alianzas con más de 20 agencias de viajes de Huancayo y tres de Lima. A futuro, esperan ampliar su capacidad de atención y construir un espacio que reúna más vestuarios representativos de las instituciones del Valle del Mantaro, con miras a consolidarse como un centro de interpretación de la identidad huanca.

El reto es convertir esta experiencia cultural en una alternativa turística sostenible que beneficie a más sectores de la comunidad. Para Gary y Jennifer, preservar el Huaylarsh no significa únicamente conservar sus pasos, sino transmitir la memoria de un pueblo y demostrar que sus tradiciones también pueden generar empleo y nuevas oportunidades para el turismo en Junín.

TAGS RELACIONADOS