Quienes conocen el distrito de Orcotuna, provincia de Concepción, región Junín, habrán podido advertir que es uno de los poquísimos lugares en el valle del Mantaro donde se puede apreciar todavía casonas solariegas techadas con tejas rojas artesanales, cuyas construcciones provienen desde los siglos XIX y XX.
Desgraciadamente bajo el concepto trasnochado de la “modernidad y el progreso”, la Municipalidad Distrital de Orcotuna, presidido por el alcalde Mario Grande Bueno (Fuerza Popular) se viene trayendo abajo las fachadas de un sinnúmero de casonas, que en su gran mayoría se encuentran ubicadas en la calle Real (antiguo paso del Capac Ñam).
Un distrito rural que teniendo la oportunidad de rescatar y tener su centro histórico como muchas ciudades provinciales del país ha decidido perderlo para siempre.
La justificación es que las calles requieren ensancharse para pavimentarlas con cemento y así (dicen) dar facilidades al paso de camionetas y camiones, que transitarán al lado de peatones, vacas, carneros y burros.
Asistido por despistados tecnócratas, el burgomaestre orcotunense se ampara en que él solo hace lo que el pueblo le pide. Visión chata y eminentemente rentista – cortoplacista que deja de lado la cultura ancestral de un pueblo, su patrimonio histórico y arquitectónico, levantada en una comunidad heredera de los antiguos ayllus huancas.
Más que pensar como un frío robot, una autoridad, por el contrario, debe tener imaginación, educar y persuadir a su pueblo en la intención de hacer cosas buenas. Orcotuna tiene todo para convertirse en un distrito turístico emblemático del valle del Mantaro, pero ello es una tarea de largo aliento, de inversión restauradora, de promoción turística sostenida y de la participación consciente de su gente.
Casonas que debieran restaurarse y ponerlas en valor, así como en vez de implantar cemento podría utilizarse el empedrado creador y las hermosas cunetas por el centro de las calles, reorientar el tránsito vehicular para evitar aglomeraciones, fijar jirones por donde se desplacen tractores y camiones pesados. Todo esto requiere solo imaginación, audacia y amor a su pueblo.
UNA VEZ HUBO ALCALDES. El exalcalde Hugo García Zorrilla se atrevió a arreglar algunos jirones transversales empedrándolas con lajas y cunetas. Hasta hoy puede verse las obras. El exalcalde César Santillán Moya, pavimentó la calle Real, sector Tunán, pero respetó casonas como la de las familias Vargas, Lazo, Chaparro y otras. La actual gestión edil ya se trajo abajo las casonas ubicadas en la calle Real sector Huando y se alista, según tenemos información, al alineamiento del jirón Apurímac donde hay joyas arquitectónicas e históricas.

:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/XGZM2BKXG5H2LL4FGS2H4G3YHE.jpg)

