Escrito por Omar Aliaga Loje
Son tiempos duros, y la frase ya hasta suena a cliché. Pero es especialmente duro para Trujillo y La Libertad. Por eso hemos hecho este especial en un momento como este, un especial que rinde homenaje a los artistas del rock, un género complicado y muchas veces olvidado en una sociedad como la nuestra.
Este especial reúne treinta canciones que nos dejaron desde hace más de tres décadas hasta hoy, y que han sido significativas en su momento y siguen de algún modo vigentes para muchos.
Advertimos: la lista es relativamente arbitraria. Parte del análisis y la selección del autor de este artículo, pero con la ayuda de un grupo de personalidades de la música, la cultura y el arte en Trujillo con autoridad para dar su veredicto. Con esos criterios se ha armado este compendio con sus respectivas reseñas, un compendio que incluye lo subte, lo independiente, el lado más pop, el más sucio, las fusiones e ingredientes musicales que permite el género con sus complejidades modernas.
Sin más que agregar, los dejamos con las canciones, que es lo que importa. Serán tres entregas, con diez temas cada uno. Que las disfruten. Aquí van.
RUTA INVIERNO (AEROARBOL)
Las texturas propias del rock alternativo y los arrebatos indie que subyacen en esta canción muestran los picos más altos de una banda más que interesante forjada en la última década. Guitarras afiladas, efectos que lo cubren todo y un canto al filo de navaja con un final audaz, “Ruta invierno” es uno de los mayores logros de Aeroarbol, un grupo que sigue haciendo de las suyas y que al parecer todavía tiene mucho por decir.

Quizás las nuevas y no tan nuevas generaciones no lo sepan, pero hubo hace varios años una banda trujillana que tuvo un hit que sonó en las radios nacionales. T-LEX y su canción “La reina del baile” aparecen en el compendio de lo mejor del pop rock nacional de los ochenta. La canción tiene exactamente la cadencia y los acompañamientos propios del rock sudamericano de la década que lo vio nacer, sobre todo de los efluvios que venían desde Argentina. Se trata de un hit digno de las pistas de baile en las que nuestros padres se gileaban bajo las luces de neón y la esfera multicolor.

El primer verdadero alarido feminista de Trujillo desde el rock lo hizo Lilith, hace ya casi una quincena de años. “No quiero ser normal” fue una suerte de carta de presentación: hard rock sin concesiones, ruido y actitud contestaria, la demostración de que las chicas no solo podían ser rudas, sino también trasgresoras. En esta ciudad ellas fueron verdaderas precursoras y esta canción es testimonio claro (y distorsionado) de ello.

Extraño Deseo tiene el mérito de haber sido la primera banda que se atrevió a hacer canciones soft cargadas de post punk y new wave, de bajar los decibeles en un tiempo en que Trujillo era un conjunto de ímpetus ruidosos. “Espacio”, pieza capital de su apacible y poético disco “Cósmico despertar”, enganchaba con sus cadencias de guitarras lineales que recordaban a The Cure y a The Ocean Blue. La noche era más noche cuando tocaban esta canción en sus conciertos, pero imponía su brillo.

“Quizás nunca” fue una de las últimas canciones presentadas en la primera gran etapa de Azulejos, que tuvo su clímax con el lanzamiento de su disco “Venenosa”, en el año 2006. De inmediato se convirtió en un himno de los conciertos de la banda y un clímax de emotividad en cada una de sus presentaciones. Las guitarras punteadas parecen prestadas de los primeros Radiohead y la melodía vocal es más lastimera y quebrada que nunca. El videoclip de la canción fue otro hito que adornó aún más a esta balada indie, estupenda y cortavenas.

Ego fue una de las primeras bandas locales que se tomaron en serio esto de producir música. Y “La caja negra del corazón” fue todo un hito noventero del cual sobresalió con luz propia esta canción llena de poesía y melancolía. Es verdad, las guitarras de Juan Carlos Anchante y la voz de Luis Espinoza Maltesse parecen emular a los primeros Héroes del Silencio, pero esos versos “Y mientras me desangro / todo a mi alrededor / hojas secas me son alérgicas” son algunas de las líneas más memorables de la escena rock trujillana. “Yo escuchaba a Ego”, contaba Tito Domínguez, guitarrista de Azulejos, que luego se dio el lujo de tocar esta canción de Ego junto al buen Lucho. Fue como un sueño cumplido.

En estos últimos años el pop independiente dio un salto de calidad en la capital de la eterna primavera, y Verano del 83 formó parte de esa generación que sabía edulcorar sus canciones con un meticuloso trabajo de producción musical. “Llévame a casa” de fe de ello, otra apuesta soft y dulce, como aquellas historias de adolescentes deslumbrantes que plasma la canción, como esos atardeceres de chiquillos que van de la mano.

David Novoa y los suyos solo querían hacer catarsis, y un poco de chongo, por supuesto. Aferrados al punk más sencillo y estridente, pergeñaron tocadas grupales en los lugares más inciertos de Trujillo, desde donde convirtieron esta canción en un ritual obligado. El poeta joven del Perú simulaba cantar o graznar, y su banda, Nada, se hizo de un espacio en el corazón subterráneo de la ciudad. Eran los noventa y todo podía pasar. Pero hay incluso menores de treinta que hoy en día se saben esta frenética tonada y catartean, catartean, catartean.

La ambiciosa propuesta musical de Perú Salvaje lo puso rápidamente en la palestra, y desde ahí, arrojó canciones como esta, en la que sobresale el maridaje de la flauta y el charango, y toda peruanidad sonora con el rock tradicional. “Sin tu voz” se convirtió en un homenaje hacia a la lucha contra el cáncer, y demostró además la versatilidad de una banda meticulosa y prolija en su producción y capacidad compositiva, como muy pocas en la historia de nuestro rock.

“Bastardos” tiene mucho de la esencia de Demencia: un mito viviente que se resiste a morir después de pasar el cuarto de siglo en escena. La vieja canción de la banda -querida como pocas pese a su brutalidad- es un rabioso alegato contra la corrupción, “los militares y políticos / conectados como garrapatas”, con guitarras y baterías veloces, como todo buen cultor del trash que se precie. En vivo, “Bastardo” era todo un atentado contra lo políticamente correcto, un soberano escupitajo al sistema.


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