Contra la pandemia: 30 canciones elementales del rock hecho en Trujillo (III)
Contra la pandemia: 30 canciones elementales del rock hecho en Trujillo (III)

Escrito por Omar Aliaga Loje 

Y llegamos a la parte final, la última entrega de los treinta temas más fundamentales del rock trujillano, este recorrido de historias y música sintetizado en piezas pergeñadas a lo largo de más de tres décadas.

Hemos tratado de ser lo más democráticos posibles en esta lista al incluir las diversas vertientes que forman parte de la historia del rock trujillano. Y hemos juntado tres generaciones, y algo más, de historia musical de esta ciudad. Las canciones, si se fijan bien, reflejan cada época y la idiosincrasia de un momento determinado. Aquí tienen la tercera y última entrega. Disfrútenla hasta el final, como nosotros la hemos disfrutado al elaborarla.

LAGARTO (CABARET SADE)

Cabaret Sade reúne la mejor tradición del hard rock de siempre. “Lagarto” es un tema que, en ese sentido, deja lo pantanoso para sumergirse en ácidos riff de guitarra, distorsiones marcadas por pedaleras, solo viajero y maniobras propias de la psicodelia más épica. Suena tan bien esta canción, que uno tiene la impresión de que se trata de una reencarnación de una banda de los sesenta actuando bajo la impronta de un alucinógeno. Es toda una pieza de maestría en el género.

“Háblame” parece haber sido creada bajo el rojizo crepúsculo huanchaquero. Y es lo más probable, dada la procedencia del cantautor. Sostenido por las bases rítmicas del reggae, la canción tiene los añadidos de guitarra precisos, tejidos como en filigrana, con el canto entonado de Beto Arancibia, un instrumento bien ensamblado. El cantautor dejaba así sentado que era capaz de soltar retazos de música a la altura de cualquier pretensión, y que entre sus talentos estaba el de ponerle música de fondo a los atardeceres huanchaqueros. En realidad, para ser justos, a los atardeceres de cualquier playa del mundo.

Cuando alguien se aplica a la tarea de desempolvar la música rock que se ha hecho en Trujillo, esta banda salta con un resorte para dar el batacazo. Mai Mai fue una agrupación en estado puro que eclosionó en los ochenta con su hard rock (¿proto punk?) electrizante y con una psicodedia que -digamos- se podía hasta oler. “Huanchaco” es un testimonio cabal de su sonido agreste y orgánico, más de diez minutos de rock and roll voluptuoso y lisérgico que va y viene como las olas que dan nombre al emblemático balneario.

Banda capital de la escena metalera trujillana, Arsix supo mantenerse vigente durante largos años con su virtuosismo endiablado y su capacidad de reinvención. El inicio a lo Maiden de “Fuego del alma” es parte de la colección de sonidos de guitarra que dan sentido a la historia del rock local en general y el heavy metal local en particular. La canción es alimento para el pogo de melenas y camisetas negras de ayer y de hoy, pero también para la contemplación musical.

Se trata de una de las mejores canciones de los Azulejos, banda de indie rock que enarboló el gran salto cualitativo de la escena local en el nuevo milenio. “Mi soledad” es entrañable, rebosante de melodía en medio de las guitarras cristalinas y los rasgueos texturizados de guitarra. “Ya no me quiere soltar / mi soledad”, dice el lastimero estribillo, en uno de los momentos más melancólicos de la música hecha en Trujillo.

Una de las bandas más interesantes de la nueva escena trujillana es también una de las más innovadoras en su estética general. “De mí, de ti, de mí” es una canción que demuestra la enorme sensibilidad pop del grupo y, principalmente, de su líder Arturo García, un gran cantante y compositor que ha demostrado su talento desde DA GO. Yo estuve en Japón tiene una habilidad para forjar estribillos pocas veces vistos por estos lares, y que complementa muy bien con videos igual de atractivos y dinámicos, como el de esta canción, que pinta para clásico moderno trujillano.

Mr Pucho siempre tuvo de aliado a la noche, y en esta canción, un verdadero himno pachanguero trujillano, se atreven a recorrer le dinámica nocturna de la ciudad que los vio nacer “chupando kerosene”, como dice la letra. Aquí, además, la banda incluye golpetazos de punk en el temple juerguero y chonguero de su impronta ska. Se trata, qué duda cabe, de esas canciones de insomnio chelero e intenso acompañado de los patas de siempre. Digna canción de preámbulo para el destape de una botella.

Emblema de unos los discos más brutales y explosivos hechos en todo el norte peruano (“Esto es lo que somos”), “Generación” es el gran tema por antonomasia de Demencia. Los capitaneados por el inacabable “Chupo” Masías han hecho poguear hasta a tres generaciones con su hardcore y su escalada hacia el trash y el grindcore, y este tema es como su Aleph propio e inmortal. Una oda al ruido descarnado de solo dos minutos de duración, al ruido nacido desde el vacío existencial de toda una generación embravecida por su fuckin realidad.

El poema de César Vallejo más popularizado en el rock. Sus versos se convirtieron en un auténtico himno de pop rock que va por las dos décadas y, sin embargo, sigue cautivando, gracias en gran medida a que la banda supo remozarla con aires indie y alternativos. Extraño Deseo se quedó en la historia gracias a esta canción, “Lluvia”, y el estribillo vallejiano (“Mas, cae, cae el aguacero / al ataúd, de mi sendero, / donde me ahueso para ti...”) lo ha coreado al menos un par de generaciones ya. 

Si quisiéramos elegir la mejor canción de la escena trujillana de siempre, esta tendría que estar ahí peleando el primer lugar. El bolero (no falaz) y la impronta latina fusionada con pop rock melódico hacen de “Quiero” una joya imperecedera. Desde su publicación, causó asombro la destreza de este grupo de mocosos para hacer este tema romántico redondo que sería la delicia de nuestros abuelos por su carácter bucólico y propio de rocola antigua, pero matizado por sonidos de producción modernista, al mismo estilo de una canción de Café Tacuba o del Bunbury más latino, y con el lirismo coral (¡qué manera de encajar esos coros!) propio del trío Los Panchos. Sencillamente, una gran obra con todas sus letras.

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