Cuando Luis Alva Castro era muy joven, no pocos viejos apristas cuentan que parecía estar predestinado. El liberteño es uno de los pocos pupilos vivos de Víctor Raúl Haya de la Torre, y desde su juventud parecía que era uno de los elegidos para tomar las riendas del partido aprista y llegar alto, muy alto.
Sin el discurso de Alan García, pero con cierta estrella política, en efecto no le fue mal en su carrera. Curiosamente, siempre al costado de García como su hombre de confianza, pero también, siempre bajo su sombra.
Alva Castro fue ministro de Economía y premier durante el primer gobierno de Alan García. Y cuando este terminó, en medio del cataclismo en que quedó el país, fue el liberteño quien tomó la posta y postuló para suceder al expresidente. No lo logró, ya lo sabemos, aunque el porcentaje de votos que alcanzó en aquella elección (22.5%) sería prácticamente un tesoro para el Apra actual.
Después, en los años en que el Apra estuvo fuera del poder, Luis Alva Castro fue elegido congresista. Y cuando García volvió a ganar las elecciones en el año 2006, nuevamente estuvo a su lado.
En realidad, el liberteño, según las revelaciones del caso Odebrecht, estuvo al lado del presidente del Apra desde la misma campaña. Ahora sabemos, de acuerdo a algunas evidencias, que él fue quien pidió y recibió el dinero que Odebrecht entregó para esa campaña. De modo que cuando el Apra volvió a Palacio con Alan García, Alva Castro pasó a ser ministro del Interior, protegido incluso por el entonces mandatario cuando las denuncias por las compras de patrulleros chinos arreciaban. De hecho, dejó el ministerio porque todo el gabinete, con Jorge del Castillo a la cabeza, se fue por el escándalo de los Petroaudios.
No acabó allí su travesía. Siempre con el aval de García, esta vez ocupó la presidencia del Congreso. Allí, con él a la cabeza, en el año 2010, el Parlamento pasó al archivo un informe sobre los costos adicionales de la carretera Interoceánica, que implicaba a Odebrecht y al gobierno chakano y aprista.
Hoy, con la revelación de documentos que probarían la entrega de dinero ilícito de la empresa brasileña, García ha hecho lo que muchos preveían: ha salido a decir que el aporte al Apra “ni (lo) pedí ni (lo) recibí”.
Es decir, a Alva Castro, que fue su hombre de confianza en el poder desde hace más de 30 años, García lo está dejando solo. Y nadie en el Apra, ni por asomo, saldrá en defensa del exministro, porque el sacrificio partidario hoy está al servicio del expresidente. A Alva Castro le toca bailar definitivamente solo y con la suya... salvo que tenga algo que cantar.

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