Las fuentes y el periodismo
Las fuentes y el periodismo

Las fuentes son sagradas para un periodista, sin ellas poco o nada se podría producir en términos de información. Por ello, obtener buenas fuentes, informantes de calidad, es un valor preciado en el periodismo. Tanto o más que escribir bien o hablar bien, tanto o más como saber comunicar.

Pero ¿quién es una fuente, digamos, personal? Es un individuo que sabe mucho sobre algo, fue partícipe de un hecho digno de ser contado, cómplice o amigo, testaferro o amante.

La fuente tiene distintos estímulos para serlo, para entregar información o contar lo que sabe a un periodista. Desde el interés económico o político, hasta el interés por verse reivindicado o por hacer justicia en torno a algo, seguramente empujado por la impotencia.

A las fuentes cuyo interés es subalterno hay que mirarla con pinzas, medirla, tomarla con cautela. Aun cuando tenga información relevante y verídica. Suele ocurrir, sin embargo, que la ambición personal se fusiona con la necesidad de buscar justicia, porque el ser humano al final de cuentas es complejo y lleno de misterios.

En el caso de los audios de los magistrados, esos que han puesto en vilo al Consejo Nacional de la Magistratura y al país en general, tengo la impresión de que hay un poco de todo eso. Una fuente te busca por su cercanía, pero también por la confianza y la credibilidad del periodista. Nadie va a arriesgar el pellejo y poner algo tan valioso en manos de un badulaque o un personaje que no es de fiar.

Pero también es cierto que en el CNM hay facciones, y una de ellas se ha visto atropellada por los abusos y la sinvergüencería de los otros, aquellos que han tejido redes de poder e intercambio de favores.

Es muy probable, quizás, que el asunto tenga también mucho que ver con lo que se viene: la información más chispeante y relevante de Lava Jato, y el riesgo de que todo sea manipulado, escondido y distorsionado en manos de estos magistrados que hoy están en el ojo de la tormenta.