Trujillo: Bienaventurado colegio Seminario
Trujillo: Bienaventurado colegio Seminario

Ha pasado una semana exactamente pero no quería dejar de comentar este hecho. Me refiero a la inauguración del nuevo local, de las remozadas instalaciones del histórico colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo.

No me sorprende que la Iglesia haga ostensión de nodernidad, confort y lujo. Es hasta normal oír el famoso discurso de la sencillez y la humildad -y de la pobreza bienaventurada porque de ella será el reino de los cielos, ya se sabe- que contrasta cruelmente con el brillo de la suntuosidad en la que la Iglesia Católica se asienta.

Si los señores quieren, que se bañen en oro y proclamen su humildad para el resto. Pero otra cosa, sí, es recibir un dinero que es de todos y que bien podría haber sido utilizado para otros fines más urgentes, creo yo.

¿Es legal y totalmente regular, para empezar, que el Estado -es decir todos nosotros- le haya dado la friolera de 7 millones de soles al colegio Seminario, por más histórico que sea, para que haga su remodelación, siendo una entidad privada? ¿Es esto ético, además, tomando en cuenta la situación en la que se encuentran los colegios del interior de la región La Libertad, abandonados y sin protección de nadie?

El asunto es sencillo, no hay que leer las Sagradas Escrituras para saberlo: el Estado debe cautelar el interés público, de las grandes mayorías necesitadas; y la Iglesia, bueno, es un poder fáctico, y que sin embargo se debe a su feligresía y a los desposeídos del mundo (o eso se supone).

Pero el acto de inauguración de hace una semana no solo ha sido exhibicionista, si no hasta provocador. Y, además de ello, ha terminado siendo un acto político descarado. Claro, las autoridades eclesiásticas estaban felices y agradecidas con la generosidad de Alan García, que le dio luz verde en su último gobierno a la entrega de 7 millones de soles para los trabajos que tan bien han quedado. Y al parecer no pudieron elegir otro momento más apropiado que este para invitar al generoso exmandatario y llenarlo de óleos santos en plena campaña electoral y cuando quizás más lo necesitaba el candidato cuyos resultados de las encuestas lo tienen preocupado.

Es decir, me das millones y te doy reflectores. Palmas apristas y a rezar.

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