Han pasado dos meses y medio desde la caída del último huaico en la ciudad de Trujillo, que afectó a varios distritos de la provincia, uno de ellos El Porvenir. Para los pobladores del llamado distrito “zapatero”, la pesadilla parece no terminar.
INHABITABLES. Basta con caminar por sus polvorientas calles para quedarse aterrado por el rastro dejado por la naturaleza, furia que se dejó sentir en siete deslizamientos tras la activación de la quebrada San Ildefonso. En el panorama resaltan las viviendas destrozadas, inhabitables. Aún en la mente de la población está el recuerdo latente de que en cuestión de minutos lo perdieron todo.
Nuestro recorrido inició en la calle José Crespo, una de las vías más afectadas por el huaico. Es fácil seguir la ruta del deslizamiento, pues cada vivienda destrozada nos da la bienvenida.
HISTORIAS. Exactamente en la cuadra tres de la calle Atahualpa encontramos a Esperanza Rivera. A ella el deslizamiento la dejó sin vivienda, ahora vive en el segundo nivel de lo que queda de su casa, en una improvisada choza de plástico y esteras. Pese a que después de tres semanas del último huaico pudo tener agua y luz, el intenso frío en las noches no la deja dormir.
FRÍO. “Ahora que empieza el frío y la lluvia, yo pido que el Presidente de la República cumpla su promesa de canalizar la quebrada”, expresó.
Para ella, lo peor fue perderlo todo. Sabe que es difícil, pero tiene que volver a empezar, comprar sus cosas de a pocos.
La historia de Ana Melba Rodríguez Urquizo, madre de seis niños, no es tan diferente. Ella también lo perdió todo: la vivienda que ella y su familia cuidan desde hace seis años quedó inhabitable en el primer nivel. El agua llegó hasta el techo de la casa, tardando cerca de un mes para sacar todo el barro acumulado. “Cuando llegó el agua se llenó hasta el techo, la arena y el zancudo, por eso nos pasamos al segundo piso”, dijo.
ENFERMEDADES. Recogiendo algunas calaminas traídas por el huaico pudo improvisar un techo en el segundo nivel de la casa para poder vivir. Al principio tuvo que dormir sobre la madera y plásticos, hasta que le regalaron algunos colchones.
Los más perjudicados han sido sus pequeños hijos, quienes han padecido enfermedades producto de las aguas contaminadas y zancudos. Uno de los pequeños contrajo el temido dengue y hepatitis “A”.
La falta de comida la obligó a permanecer en uno de los albergues instalados en el distrito, exactamente en el Polideportivo “Inca Roca”.
Luego de un tiempo volvió a su casa, pero dice temer por su seguridad y la de sus hijos. “No estamos seguros dónde vivimos, no hay seguridad, no podemos dejar las cosas solas. Cuando llueve se llena todo el agua porque el techo está con huecos”, dijo.
EXIGEN. Las historias en esta parte del distrito de El Porvenir son similares, las familias desconocen a sus autoridades, dicen que poco a poco las promesas dadas tras la desgracia van quedando en el olvido. Según el señor Osvaldo Sánchez Rodríguez, las autoridades solo estuvieron presentes en la zona para la foto. “Solo vienen a hacer pantalla, para tomarse la foto, porque no hay nada, se quedaron en silencio y muchos están precariamente en la intemperie y la promesa de una casa segura no hay. Por eso nos queda volver a vivir en la misma casa”, precisó.
Padre de tres hijos, don Osvaldo nos muestra su vivienda donde tenía una tienda. Del pequeño negocio hoy solo quedan los andamios inservibles que dan fe de ello. Tras los desbordes prefirió salir de la zona y alquilar otro ambiente para vivir con su familia. Su vivienda luce vacía, con algunos aparatos eléctricos como un congelador y una refrigeradora que son, según él, simplemente “chatarra”.
Sin dinero. Muy cerca de la casa de don Osvaldo, está la del señor José Leopoldo Roldán Vare. La mitad de su vivienda la llevó el agua. Él solo espera contar con el dinero suficiente para levantar algunos muros, para proteger su vivienda.
DAMNIFICADOS. Por otro lado, las historias de las familias que pasan sus días en los albergues no se aleja de las anteriores. Para ellos existe una incomodidad: vivir dentro de una carpa.
En el distrito de El Porvenir se han instalado dos albergues, el Polideportivo “Inca Roca” y el Polideportivo “Claro”. Este último actualmente alberga a 88 personas. Según Paola Chamorro Ascencio, responsable del albergue, las personas damnificadas reciben tres raciones de comida diaria de una “olla asignada”, es decir raciones específicas para cada persona. Asimismo, las personas reciben servicios médicos y cuentan con luz y agua. Algunas personas duermen dentro del local del polideportivo y otras en las carpas.
PEDIDOS. Pero no existe tranquilidad para los damnificados en este albergue, ellos cuentan que tienen que beber el agua de los caños, son víctimas de los zancudos y otros bichos que aparecen en la zona. Piden a las autoridades que se realicé una fumigación, pues temen por su salud, sobre todo de los más pequeños. Algunos manifiestan que han tenido dengue.
INCERTIDUMBRE. Ellos actualmente no tienen una vivienda. Desconocen hasta cuándo serán damnificados y cuándo terminará la ayuda que reciben. Su vida y la de sus hijos es una incertidumbre total. Está claro entonces que la pesadilla para mucha de estas familias en el distrito de El Porvenir aún no termina.

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