Eleodoro “Lolo” Fernández fue un goleador nato, máximo artillero de Universitario de Deportes y de la selección peruana. Sus pies tenían tal potencia para darle al balón que recibió el calificativo de “El cañonero”. Los chimpunes que calzó son parte de esas historias épicas escritas en los campos de fútbol, que motivaron el grito sublime de gol de manera muy frecuente.
Corría el año 1953,Don Gaspar Mena Galecio, a sus 24 años era el arquero titular del Club Estrella Roja del distrito de La Unión, en la región Piura. Por aquel entonces, el diario La Prensa organizó la rifa de los chimpunes con que “Lolo” Fernández le anotó 3 de los cuatros goles al Alianza Lima en su partido de despedida de las canchas de fútbol y para don Gaspar, hincha acérrimo de los aliancistas, fue como un puñal en el pecho.
“Recuerdo que al club le dieron 100 tickets para venderlos y yo compré 3, a dos soles cada uno. No le di importancia a esto y seguí mi vida trabajando y jugando. Pero por casualidad después de 8 días de la rifa, que fue un 12 de octubre, cuando estaba en una picantería con mis amigos, me entero por el periódico de los resultados y da la casualidad que yo tenía el boleto 4477, ganador de los chimpunes”, remarca don Gaspar.
Después de haber indagado cómo recibir el premio y en vista que no conocía Lima, decide contactarse con amigos para que lo esperen allá. Al día siguiente, en una ceremonia sencilla, le entregaron los chimpunes del gran “Lolo” Fernádez, quien en persona lo abrazó y recuerda que tuvo que mentirle que era hincha de Universitario.
“Me abrazó fuerte y dejé caer algunas lágrimas. No podía creer que estuviera junto al gran goleador de la selección peruana. Luego me entregaron el premio en una pequeña urna y me lo llevé a mi habitación del hotel donde estaba hospedado. Pero antes de salir, una persona se me acercó y me ofreció 5 mil soles (hoy 5 millones) por los chimpunes, pero no le acepté”, nos dice.
A los tres días decide regresar a Piura y es aquí donde es recibido por mucha gente y con bandas de músicos. Se realizó una ceremonia en el pueblo, que se sentía bendecido con tener este recuerdo que valía oro. “Los chimpunes fueron a dar al local del club Estrella Roja, por decisión mía, pero años más tarde y ante las lluvias, una pared se cayó. Por ese motivo me llevé los chimpunes a mi casa, donde los guardo como un tesoro”, nos dice emocionado.
Don Gaspar nos cuenta que un compañaero suyo don Lucio Huertas, sustrajo los chimpunes que se guardaban en la vitrina en el Club. Ese día jugaban contra su clásico rival “El Olimpia” y quiso usarlos para cañonear a sus adversarios. Al ser descubierto, se paralizó el partido, le quitaron los zapatos y el jugador fue echado del equipo por esa imperdonable osadía. Al enterarse el buen “Lolo” Fernández de este caso por los periódicos, pidió a los dirigentes que lo perdonasen. ´Lo único que hizo fue querer jugar un partido con los zapatos del viejo “Lolo”, dijo entonces el jugador de Universitario. Encima, le regaló unos zapatos nuevos al osado delantero.
Hoy don Gaspar, a sus 88 años, casado con doña Esperanza Lozada, es padre de 10 hijos, 20 nietos y un bisnieto.
A pesar de haber laborado años en la panadería y pastelería, ahora tiene una tienda donde vende productos de plástico y vidrio en el mercado de ese distrito. “Muchos han querido comprarme los chimpunes, pero siempre me he negado. Incluso, me han ofrecido hasta 20 mil soles y un auto, y no los vendí. Tienen 62 años en mi poder y por nada del mundo los vendería, para mí esos chimpunes valen oro”, finaliza.


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