Hablar del transporte en Sullana es asociarlo con la informalidad, el desorden y la improvisación del empresariado y los gobernantes. También está relacionado con el atraso del parque automotor, debido a los vehículos descontinuados que siguen en circulación.
Esto se suma a la falta de un terminal terrestre, que denota un desinterés del sector privado por invertir en un local debidamente acondicionado.
NADIE LOS MUEVE. Ya se cumplieron tres meses desde que las empresas de transporte interprovincial fueron expulsadas del centro de Sullana, viéndose en la imperiosa necesidad de reubicarse para continuar funcionando.
Los vecinos de la calle Piérola por años soportaron la contaminación y los ruidos molestos generados por el tránsito de los buses de “Gechisa” y otras empresas ubicadas en el centro de la ciudad.
Los moradores, cansados de la dejadez del gobierno, se rebelaron y bloquearon los accesos impidiendo el ingreso de los vehículos a sus terminales.
Ni cortos ni perezosos, los transportistas corrieron a instalarse en el canal vía, ocupando la vía pública, en medio de las aguas servidas que bañan el sucio canal.
Como era de suponerse, los usuarios fueron los más afectados con esta medida, quienes tenían que sortear las aguas sucias del canal y encima utilizar una endeble escalera de metal, para subir al bus, exponiendo sus vidas.
Felizmente, el lamento de los viajeros tuvo eco en las autoridades que emplazaron a los transportistas a abandonar el canal vía y mudarse a otro ambiente más limpio.
Desde ese momento, cada empresa se disparó con rumbos distintos, ubicándose en espacios separados, pero siempre dentro del casco urbano. A sabiendas, lógicamente, que los usuarios irían tras ellas, debido a la necesidad de movilizarse a las ciudades de Piura y Talara.
PERSISTE EL CAOS. Esta vez, los empresarios se mudaron a la urbanización Santa Rosa, sector que parece haber sido maldecido con la llegada de estas empresas.
Para muestra un botón. Los vecinos de la urbanización han enviado sendos memoriales al alcalde de Sullana, Carlos Távara Polo, en rechazo a estas empresas de transportes, que llenan y desembarcan pasajeros en ambientes impropios y a escasos metros de sus viviendas; volviendo la zona altamente vulnerable, desordenada y tugurizada.
Por supuesto, el alcalde Távara está convencido que para sacar a las empresas, primero debe ofrecerles un espacio óptimo, que reúna todas las condiciones para construir un moderno terminal.
Ello, a pesar que los empresarios no dan visos de querer invertir en la provincia, sino que le achacan el problema a la municipalidad, cuando es el sector privado que por iniciativa propia debe proveerse de los elementos, espacios y medios para funcionar.
Así tenemos que el grupo empresarial “Gechisa” sigue funcionando en un corralón, socavando la tranquilidad de los vecinos por la bulla y ruidos molestos. Aparte, han convertido la zona en escenario de una batalla campal entre los mototaxistas y colectiveros que pugnan por captar a los pasajeros.
Obviamente, que los precios oscilan por las nubes, afectando seriamente el bolsillo del usuario.
La empresa EPPO no se queda atrás y continúa construyendo su local, sacándole la vuelta a la municipalidad al solicitar licencia de construcción para un establecimiento comercial, cuando allí funciona un terminal terrestre.
Seguramente, otro sería el panorama, si es que los últimos gobiernos municipales se hubiesen preocupado en actualizar el Plan Director Urbano, documento necesario para identificar las zonas y suelos potenciales para el crecimiento de la ciudad en razón con el crecimiento acelerado de la población.
CONTEXTO. Sullana, “La Perla del Chira”, en los últimos años ha sufrido una explosión demográfica insospechable, aunada al boom de las inversiones, sin que la ciudad esté preparada para responder a estos dos acontecimientos.
Precisamente, el gobierno de turno hizo hincapié en el proyecto de ordenanza para expulsar en cinco años a las empresas de transporte ubicadas en el casco urbano, incluyendo los terminales a Lima, ubicadas en el tramo comprendido entre el óvalo de Sullana y la carretera a Tambogrande.
Por lo pronto, las empresas seguirán operando a merced de la informalidad, faltándole el respeto a los usuarios, que por necesidad utilizan este medio de transporte, a pesar del pésimo trato.
Aunque, el asunto va muchos más allá, toda vez que la infraestructura vial en Sullana tampoco se encuentra preparada para soportar el peso de los buses.
AVECINA UN CONFLICTO. En el otro extremo están los vecinos afectados, muchos de los cuales apoyarán la revocatoria del alcalde por no dar atención al problema del transporte.
Sin duda, el asunto pasó a convertirse en una bomba de tiempo que ya empezó a disparar sus primeras esquirlas, ante la actitud pasmada de la autoridad, regidores y funcionarios.
Por cierto, la Dirección Regional de Transportes no está exenta de este problema, y hace rato que debió intervenir en Sullana para palpar las condiciones paupérrimas en la que operan los terminales provinciales, toda vez que es la institución responsable de expedir los permisos de ruta a los empresarios, pero al parecer, la entidad solo atina a quedarse con los brazos cruzados.

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