Manuel Eráusquin
merausquin@epensa.com.pe
La identidad de Sara proviene de muchos sonidos, de muchas páginas leídas, de largos recorridos geográficos e imaginarios. Irse del Perú con su familia cuando tenía 12 años para buscar un futuro en España empezó como una pena, una nostalgia. Hoy forma parte de su historia biográfica y la define como mujer, como artista. Ella compone, canta y vive. Su disco Talitá Kumencarna todo eso.
Talitá Kum, que en arameo significa levántate niña, tuvo que aguardar 11 años para verse consumado como disco. Tuvo que esperar la comprensión creativa de las productoras, tuvo que soportar los estereotipos del mercado y no dejarse arrastrar por modelos comerciales que desembocan en mediocridades rítmicas.
Sara Van fue terca y resistió hasta encontrar la sensatez que acogiera una apuesta distinta y heredera de múltiples armonías.
"Siempre he pensado que al mundo lo mueve el espíritu de las personas y eso lo he pensado siempre. Este disco responde un poco a ello.
Muchas personas han estado involucradas para que sea una realidad", manifiesta Sara Van, quien vive agitada, con las pulsaciones a ce l e radas, pero se comprende: un ensayo, uno más para sus presentaciones, la obligan a pensar a mil.
Pero en el fondo ella siempre ha sido así, acelerada, con diversas urgencias creativas: dibuja, escribe y se vuelca en proyectos artísticos que la conecten con todas aquellas referencias que ha asimilado.
Y las referencias iniciales tienen particularidades muy definidas. El estruendo y la furia del metal traspasó su sensibilidad y ella también quiso gritarle al mundo. Escuchó a Guns N' Roses y nunca más dejó de amar a Axel.
Pero ella buscó su propia ciudad paraíso, compuesta de varias ciudades, varias influencias que configuran una música tan personal pero a la vez heredera de muchos padres.
Su disco, producido por el genial Pelo Madueño, posee la fuerza y una cadencia sensual, seductora.
Distintos ritmos y sonidos que provienen del Ande, de la música negra, de la música criolla o del rock; condensa temperamentos y sonoridades que se funden en una misma armonía. Una armonía llevada y expresada en la tan particular voz de Sara, que acaricia sin ser melosa, que raspa sin dejar heridas.
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Canto épico
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