Manuel Eráusquin
merausquin@epensa.com.pe
Cuando Josip Muhvic-Pintar eligió en su infancia sumergirse en el universo de la ficción literaria, ignoraba que iría sembrando las herramientas más importantes de su formación, ignoraba que el mundo de las letras sería la esencia de su punto de vista en este mundo. Que el vuelo superlativo de sus crucigramas no provienen del aire, sino de años de lectura, de una lectura ejercitada desde el placer y no de la pose culturosa.
Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne lo cautivó desde el inicio, su madre cedía a la petición del pequeño Josip a cada título novelístico. Las noches eran amables y llenas de exploraciones librescas. La luz siempre tardaba en apagarse. Una buena linterna reemplazaba la lámpara de su cuarto si la voz de su padre exigía rendirse al descanso nocturno.
Estudió ingeniería industrial a pesar de su afinidad por las letras. Ingresó a una empresa importante y un día se aburrió y mandó al diablo a todos. Hizo taxi por diez años y lee más de cinco libros a la vez. Luego, decidió poner en práctica su enorme caudal cultural y empezó a trabajar crucigramas en diferentes medios.
En Correo, su actual Casa Editora desde hace varios años, reta a los lectores todos los días en el Correograma, pero sin dejarlos sin aire. "Es importante que al lector no lo dejes con la sensación de que es imposible resolver el crucigrama, le puede costar pero tampoco le puede ser esquivo. La idea es que se entretenga haciéndolo", manifiesta Josip que ahora publica su libro Cruciconsultas, un diccionario, una guía de cabecera para darle respuestas a tantas interrogantes que surgen en el proceso de resolver este juego intelectual. Una manera más efectiva de divertirse pensando.

NO TE PIERDAS

