Conocido por su particular visión y originalidad literaria, César Aira, invitado por la Cámara Peruana del Libro, vino a Lima y presentó Cómo me hice monja, novela reeditada por la editorial local Estruendomudo. En esta entrevista habla de su distancia con Cortázar y de por qué dejo de leer a Vargas Llosa.
Correo: Se sabe que con respecto a Cortázar usted ha tenido comentarios duros, ¿qué es lo que le molesta realmente?
César Aira: Mira, lo que pasa es que hace muchos años un amigo argentino en una conferencia en España osó hablar mal de Cortázar y hubo una reacción violenta en el público, tanto de argentinos presentes y de españoles, así como de otros latinoamericanos. Ellos expresaron que lo que estaba diciendo este amigo sobre Cortázar era una traición a los ideales revolucionarios y etc. Eso me chocó, y me di cuenta hasta qué punto las cosas pueden envenenarse.
C: Y hasta qué punto la intolerancia arruina todo.
CA: Fíjese, Ángel Rama, un famoso crítico uruguayo, que le tenía mucha simpatía y lo quería mucho, en un congreso de escritores oye un discurso de Cortázar hablando de la revolución cubana, de la revolución de Nicaragua y el futuro de América Latina. En ese momento no dijo nada. Pero a la noche escribe en su diario como alguien que posee talento para escribir y que ha escrito unos cuentos muy buenos, como se pone a opinar de economía, política, de cosas de las que no sabe nada, eso es de una irresponsabilidad casi criminal.
C: ¿Cuál es su percepción estrictamente literaria de Cortázar?
CA: Fue y me sigue pareciendo un escritor de iniciación. Espero ver un adolescente con libro de Cortázar en la mano y yo en los años sesenta fui un adolescente con los libros de Cortázar en la mano y vivía entusiasmado con eso. Y me da la impresión que contemporáneos míos siguen prendados de Cortázar por lealtad a su propia juventud.
C: En relación al tema de escritores consagrados, ¿qué conexión literaria tiene con Vargas Llosa?
CA: No lo tengo en mi mente habitualmente. No es un tema que me preocupe. Yo leí de muy joven las novelas que salieron: La Ciudad y los Perros, La Casa Verde y Conversación en La Catedral. En ese momento a todos nos sorprendía y maravillaba la habilidad técnica, sobre todo en Conversación en La Catedral. Luego, lo dejé de seguir.
C: Cuando uno dice que dejó de seguir a un escritor, es porque no hubo una conexión.
CA: Sí, evidentemente. Pero ahora que lo recuerdo leí una que no me gustó nada, y que ese fue el motivo para ya no seguirlo. La novela fue Pantaleón y las visitadoras. Mira, de pronto soy injusto.
C: En todo caso, uno tiene el derecho de elegir a los autores que desea leer.
CA: Sí, y eso lo defiendo con uñas y dientes. Que nadie me quite ese derecho.
C: En su caso, la percepción que tiene el universo literario de usted, es que es un escritor de culto. ¿Qué siente frente a esa descripción?
CA: Eso de escritor de culto es el premio consuelo a los que no ganan plata y no son tan buenos. Nunca me convenció eso de escritor de culto. Es una burda expresión, como tanta otras que no significan gran cosa.
Manuel Eráusquin
merasquin@epensa.com.pe

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