Doris Gibson, la expresión de una pasión
Doris Gibson, la expresión de una pasión

Manuel Eráusquin
merausquin@epensa.com.pe

Escuchar su nombre impulsa a la evocación de tiempos de lucha y coraje. Doris Gibson Parra nació con la espada bajo el brazo y cortaba de raíz sin temor a todo obstáculo que irrumpiera en su camino. No tenía dudas y blandía el filo de su temperamento contra las diversas manifestaciones de prepotencia y mediocridad. La sociedad limeña veía que la energía y el glamour confluían sin conflicto a través de esta bella mujer que expresó la brillantez de su humanidad con orgullo y temple.

La muestra "El mundo azul de Doris Gibson", realizada con motivo del centenario de su nacimiento, está planteada como un recorrido cercano, íntimo, por ese universo tan variado e intenso que ella poseía. Una dama de múltiples intereses, expresados en el periodismo, lo social y lo cultural. Y todo ello recreado en distintos ambientes, espacios que vuelven a dar vida a épocas donde ella ejercía el poder de su firmeza y de su encanto.

Su emblemático departamento, ubicado en un octavo piso del jirón Camaná, era escenario de veladas dispuestas para el disfrute de la vida. Artistas y políticos compartían tertulias disparadoras de ideas plenas de inteligencia y creatividad. Doris Gibson -y lo saben muy bien aquellos que fueron cercanos a ella- admiraba y respetaba el talento, una virtud poco frecuente en estos tiempos de mezquindades y de ignorancias insolentes. Su importante colección de arte popular es una prueba de ello.

Cada uno de sus viajes por el interior del país era una oportunidad de interactuar con ese mundo andino tan alejado de una Lima indiferente y necia. Doris iba coleccionando distintas piezas artísticas, refrendando así su valor cultural. Entre los objetos más importantes de su colección se encuentra el Corpus Christi de mil piezas, una joya del arte popular que encierra ese Perú diverso. Esa magia cultural hecha de muchas visiones.

La exposición, que expresa y tributa su amistad con los artistas cusqueños Hilario y Georgina Mendívil, incluye también colecciones de retablos de Joaquín López Antay y de personajes andinos de Santiago Rojas. Un mundo distinto, una manera diferente de manifestar la vida por medio del arte. Un arte hecho en el Ande y que fue comprendido y apreciado para valorarlo.

Su apasionada vida la relacionó con el irascible pintor Sérvulo Gutiérrez, quien vivía inspirado en la creatividad pictórica al verla, al contemplarla. Se dice mucho, las leyendas urbanas tejen historias sobre este amor y sus intensidades. Sin embargo, más allá de lo que se haya dicho, existen esos hermosos retratos pintados por ese artista: dedicaciones tributarias a un amor trascendental. Ese tipo de amor que no se repite nunca más.

Luis Repetto, curador de la muestra -que forma parte de los proyectos de exposiciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hacía énfasis con nosotros en la faceta periodística de Doris Gibson mientras observábamos una gigantografía del ex presidente Fernando Belaunde Terry condecorándola.

Y es que uno no puede dejar de asombrarse frente a una figura que ha derrumbado a punta de entereza y tenacidad la prepotencia del poder político. Odría y Velasco asediaron y clausuraron su revista. Pero siempre volvía, con fuerza y dejando ejemplos claros de que este oficio no está para pusilánimes. Que el periodismo exige grandeza. Una que Doris Gibson tuvo en vida y que su legado renueva permanentemente. Una memoria intacta para el bien de todos. Que siempre sea así.