Fotógrafo Óscar Medrano evoca los años de terror
Fotógrafo Óscar Medrano evoca los años de terror

Llegó a Lima cuando tenía 16 años. Quería trabajar de día y estudiar de noche, pero no lo dejaron. Una mañana su tío lo llevó a conocer las instalaciones del diario El Comercio. En breves minutos, de visitante pasó a ayudante de laboratorio de fotografía.

“He tenido mucha suerte en mi vida”, expresa Óscar Medrano (68), el experimentado y reconocido fotógrafo peruano que de niño soñaba con ser ingeniero de caminos en su natal Acos Vinchos (Ayacucho).

“Era un muchacho provinciano con ambiciones de surgir. Se enamoraron de mi trabajo. Mi jefe era muy flojo, me enseñó a revelar y aprendí rápido. Todo era Medrano, él solo ponía la firma y la leyenda de la foto. Estaba aprendiendo a la fuerza”, recuerda sobre los dos meses que pasó en esa área del periódico.

Por esos días, el jefe de fotografía Carlos “Chino” Domínguez lo jaló a su sección confiado en su talento innato. Medrano aprendió a tomar fotos observando el trabajo de los Navarro, los Ángeles y los Castillo, unos “señores de la fotografía”.

Su primera comisión fue cubrir un accidente de tránsito en Ancón. “Ni bien llegué, el que quedaba con vida dio el último suspiro. No sé si tomé la foto adrede o por susto. La imagen fue publicada en portada sin mi nombre. A raíz de eso, (el ‘Chino’) dijo que tenía buen ojo”, señala.

En 1968 se convierte en el nuevo jale de Correo, dirigido en ese entonces por Guillermo Thorndike. Lo llevaron preso por retratar a una mujer que intentó suicidarse en el Día de la Madre y luego fue enviado a Huaraz para cubrir el terremoto que sepultó Yungay.

En otras comisiones fotografió a un delincuente armado teniendo a un niño como rehén. Por esta imagen ganó el premio mundial de fotografía de la United Press International (UPI) en 1974.

Medrano subraya que nunca tuvo miedo de sacar su cámara y registrar un hecho. “El tiempo te enseña que todo lo prohibido es agradable para un fotógrafo”, remarca.

AÑOS DEL TERROR. En los años 80 se muda a la revista Caretas, lugar donde trabaja hasta hoy, y es enviado seguidas veces a Ayacucho, departamento que sufría la demencial violencia de Sendero Luminoso. Allí captó a gente llorando, niños huérfanos, mujeres violentadas y cientos de cuerpos mutilados.

“Me mimeticé con la gente por hablar quechua, ser ayacuchano, usar sombrero y poncho”, explica sobre los testimonios visuales que logró captar con cada toma. Cuenta que siente “rabia” por la muerte de los seis periodistas a manos de los pobladores de Uchuraccay en 1983.

“Solo seis murieron en cumplimiento del deber, a los otros 16 colegas enviados de Lima los encontré en una cantina, “La fortaleza”; estaban borrachos. Sentí rabia, decían ‘somos sobrevivientes’, fueron unos cobardes”, reclama.

Tiene la misma posición crítica al hablar de la foto que le hizo a Fortunato Camaná, el hombre atacado a machetazos por Sendero y designado ícono de la lucha contra el terrorismo por parte de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

“Él había recibido un machetazo que lo invalidó, 25 años después fui a Lucanamarca, la CVR nunca lo había ido a buscar. Lo traje a Lima y con ayuda lo interné en el hospital Mogrovejo. Luego vino el lío de apristas con la CVR, lo sacan, lo llevan al hospital militar y a los dos días lo declaran muerto. Lo que no pudo matar Sendero, lo mataron los apristas”, enfatiza.

LIBRO. Óscar Medrano reúne sus fotografías más emblemáticas de los años de crueldad y horror vividos en Perú durante la guerra entre el Estado y Sendero Luminoso en su primer libro titulado ¡Nunca más: Never Again!, editado por el Fondo Editorial del Congreso. El prólogo, de 324 páginas, está escrito por el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Viajes

Medrano presentará su libro en abril próximo en la Universidad de Colorado (EE.UU.) y en junio en el Museo de Terror (Alemania) al lado de su esposa.