“La masacre de Flores”, documental que se estrena este 22 de octubre por HBO Max, une a Matías Bagnato, sobreviviente de una terrible matanza ocurrida en Buenos Aires en 1994, con Juan José Campanella, ganador del Oscar y productor ejecutivo de la historia. La serie se centra en la lucha de Bagnato por conseguir justicia y sobre todo porque el autor del incendio intencional en su vivienda familiar, que mató a sus padres y hermanos, pague por ese cruel asesinato. A 32 años de esa tragedia, Matías Bagnato, cuenta a Correo cómo ha podido superar ese drama que vuelve a contarse en un documental que será visto en el mundo.
“Realmente eso no se supera; es algo perpetuo, uno aprende a convivir con las ausencias y con este dolor. Al ver los tres episodios seguidos del documental terminado, lo primero que me pregunté fue cómo hice para aguantar todo esto al ver a ese Matías de 16 años. Pero lo más rico de poder contar esto es ver cómo el amor que tuvimos con mi abuela logró vencer a tanto odio y tanta maldad, evitando que me convirtiera en una persona llena de rencor. Logré transformar el ‘por qué’ en un ‘para qué’, eso le dio sentido a algo que no lo tenía, a tanto dolor y crueldad: saber que todo esto se transformó en algo positivo que hoy le brinda a otras víctimas las herramientas legales en búsqueda de justicia que a mí me hicieron falta y no tuve”, concluye Matías, antes de dar paso a Juan José Campanella en la charla con Correo.

Al ponerte frente a una realidad tan dura, ¿cómo manejaste la carga emocional de estar frente a Matías sin dejar que el dolor te sobrecogiera ni desviara el relato?
Nos conocemos con Matías hace casi 20 años, y fuimos viviendo el día a día de todo lo que sucedió. Por eso, mi aproximación al proyecto no fue con la expectativa de ‘hoy voy a conocer a Matías’ ni de preocuparme por cómo manejar la carga en ese momento; fue una carga que fuimos compartiendo a lo largo de casi dos décadas.
¿Entonces, el interés por contar la historia en formato documental surgió por la amistad que los unía?
Ese fue el motivo por el cual decidimos hacerlo juntos, pero el propósito de contar la historia lo tuvimos claro desde el principio. Aunque el crimen es el gatillo de la historia, aquí no hay un misterio a resolver para averiguar quién fue el asesino. Para mí, la historia se trata de dos elementos principales: el tremendo desmanejo de la justicia a nivel nacional a partir de ese hecho, y la impresionante historia de supervivencia de Matías y su abuela.

¿Qué trataste de mostrar en el documental que no se hubiera tratado ya en los contenidos o noticias previas sobre el caso?
Las noticias solo cubrían el día a día —como cuando se debatía la libertad condicional del agresor— y el caso empezó a perderse en la neblina. Matías se convirtió en una figura pública y se olvidó su intimidad. Busqué contar todo lo que había detrás y en el medio: el aspecto humano y de supervivencia de un pibe al que le mataron a su familia y se transformó en un luchador por el cambio de la ley.
¿Establecieron una línea o límites para evitar que “La masacre de Flores” se convirtiera en un documental de crónica roja?
Lo tuvimos muy claro desde el inicio junto con Matías. El crimen era solo el gatillo y el primer acto de la película, pero no era la historia. La verdadera historia era la supervivencia y la lucha de Matías por la justicia, la cual él llevó a un escalón superior al impulsar un cambio en la legislación, ese es el principal valor de la lucha.
¿Por qué decidiste producir un documental en lugar de dirigir una película de ficción inspirada en el caso?
Lo debatimos mucho con Matías. Teniendo tanto material real y estando las caras de los protagonistas tan frescas en la gente, la ficción habría perdido credibilidad. Además, estamos hablando de un estado de maldad pura contrapuesto al amor y la resiliencia. En una ficción, actuar esa maldad o esa fuerza habría parecido recargado o edulcorado, mientras que en el documental el contraste entre el bien y el mal resulta mucho más fuerte y creíble.





