PIURA. La frágil memoria que tiene un niño de cinco años sólo le permite recordar que a esa edad con sus pequeñas manitas demostró que tenía pasta como dibujante, al plasmar idénticamente en un papel en blanco las figuras que en su libro Coquito un experimentado artista había dibujado. Luis Sánchez Luzón nunca imaginó que sus primeros trazos serían la partida de un gran comienzo y que con el paso del tiempo se convertiría en un reconocido pintor, que pese a su juventud destaca en el arte de pintar impresionantes cuadros religiosos para diversas iglesias de la ciudad.
Nació entre olor a pintura. Pero cómo no llegar a ser un experimentado artista si desde siempre tuvo como guía a su padre, Abel Sánchez Alzamora, que desde que tiene uso razón, según dijo, le inculcó el amor por el arte "Desde que nací recuerdo el olor a óleo y a pintura, desde siempre toda mi casa estaba llena de cuadros elaborados por mi padre".
Estudió en la I.E San Miguel y fue ganador en cuanto concurso de dibujo y pintura organizaban, aunque afirma con nostalgia, hubo otros en los que perdía.
Por cuestiones económicas no cumplió su sueño de estudiar arte en una universidad de Lima, pero sí en la Escuela de Bellas Artes Ignacio Merino. Su primera pintura abstracta fue de Alberto Dávila a los 14 años.
Año tras año ha mejorado en su técnica, "creo que por mi trabajo mis clientes no me han rechazado ninguno y eso que para mí los retratos son lo más difícil de realizar y con éstos se han quedado contentos", indica el joven pintor que por más que trata de recordar no calcula cuantos cuadros ha pintado en su vida.
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Las manos mágicas de Luis Sánchez
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