Las tonadas de Hora Zero del Centro
Las tonadas de Hora Zero del Centro

Jaime Bravo
Cuenta una vieja historia que unos muchachos provenientes de la ciudad de Lima que escribían poesía de la buena, y que eran más o menos conocidos por provocar escándalos y desmanes en sus recitales, arribaron a la ciudad Huancayo, un día del mes junio de 1975 en la que ofrecieron una presentación frente a un público asistente al auditorio del hotel El Mirador, ávidos de escuchar poesía que hablase de los cambios que la ciudad estaba afrontando.
Entre los invitados se hallaban los poetas Enrique Verástegui, Jorge Pimentel, Ricardo Paredes, asimismo entre esa mancha estaban Sergio Castillo Falconí y César Gamarra Berrocal, el primero era jaujino, y el segundo un extraño limeño, -vivió también en Cerro de Pasco-, y había estudiado en la Universidad Federico Villarreal, donde fue testigo de la fundación del primer movimiento poético del país, Hora Zero; "Hasta antes de Hora Zero, no había grupo que señale un hito en la poesía", comenta Cesar Gamarra autor de "Pueblo de Arcilla"
Y es precisamente, Gamarra, quien luego de vivir los más intensos años de Hora Zero, y a su llegada a Huancayo, no tuvo mejor idea que fundar Hora Zero del Centro, con una intención de mostrar "una visión de la poesía más amplia, más integradora, y por romper una poesía muy apegada al huayno, y a la tristeza". Entre sus integrantes estaban, Flor de Maria Ayala, José Gamarra, Lucía Ocampo, Rosa Iñigo, Pepa Zapata entre otros.
Según Sergio Castillo, de quien la editorial Puntocom está editando su primer poemario, ahora que HZ se ha ganado un espacio, y casi está en las puertas de oficialidad, ahora se ha generado una "contradicción; "a mí me fastidia, yo sé que del lado marginal se tiene mucha más libertad de poder meter trompadas, pero cuando ya te adocenas, creo que ahí viene la muerte, porque ya estas tranquilo".
Cuando el 5 de noviembre los "huancas", así les decían a los poetas de HZ Centro, participaron en la presentación del libro "Hora Zero: Los broches mayores del Sonido", y leyeron sus poemas, fueron más que aclamados, "porque eramos un poco más radicales y abiertos", y porque leyeron poemas que iba más allá de las propuestas del poema integral, finaliza Gamarra.