Lo biográfico en las ficciones de Ribeyro
Lo biográfico en las ficciones de Ribeyro

Jorge Coaguila
En «Solo para fumadores» (1987), Julio Ramón Ribeyro nos refiere ?bajo el pretexto de su relación con el cigarrillo? pasajes de su vida. Cuatro años antes de publicar ese relato, Ribeyro declaró en una entrevista, realizada por Gregorio Martínez y Roland Forgues, que estaba tratando de escribir un libro de tipo autobiográfico, pero no encontraba la forma de escribirlo, porque quería evitar lo convencional.
En una entrevista de 1983, Ribeyro refiere que tiene un capítulo de su autobiografía titulado «Terremotos y temblores»: «Yo he estado en el terremoto del año 40 en Lima, después en temblores muy fuertes. En torno a esos temblores, escribí sobre lo que me pasaba a mí, a mi familia, o lo que ocurría en el país. El asunto es que puedo escribir una serie de capítulos sobre estos elementos, pero el problema luego es cómo unirlos. Eso es lo que estoy tratando de resolver. Tengo que armarlos de alguna forma».
Su primera novela, Crónica de San Gabriel (1960), en realidad es una transposición de una temporada que pasó en una hacienda de la sierra del norte, de los Andes de La Libertad, en Tulpo. Los personajes son reales, todos existen o existieron. Los nombres aparecen cambiados, pero todo es más o menos exacto. En julio de 2008 estuve en Trujillo y conocí a la «verdadera» Leticia, Yolanda Rabines. Los geniecillos dominicales (1965), también es una novela autobiográfica. El narrador limeño declaró que todos los episodios tienen que ver con su experiencia. Ludo Melchor José Totem, protagonista del libro, es el álter ego de Ribeyro. Por otra parte, el relato que se remonta al periodo más antiguo de su vida es «Por las azoteas», que se basa en las experiencias que vivió en su casa del jirón Montero Rosas 117, a media cuadra de América Televisión. Muchos pueden pensar que Ribeyro fue miraflorino, pero lo cierto es que nació en el barrio de Santa Beatriz y que recién pasó al barrio de Santa Cruz en 1937, a la calle comandante Espinar 201, a los 7 años de edad.
Los personajes ribeyrianos nacen de recuerdos propios, de la observación de la realidad y de complejas creaciones. En una entrevista realizada por Ernesto Hermoza, el escritor confiesa: «No creo que tenga un solo personaje que se haya inventado de pies a cabeza. Todos o son personajes reales que he observado y he conocido o son personajes compuestos con pedazos de personajes reales. Es decir, uno coge dos o tres personas, las reúne, las compone y forma con eso un personaje».
¿Para qué nos sirve todo este recuento? Para comprender las intenciones del autor, sus fobias y sus filias. Para observar cómo se edificó su mundo literario. Es erróneo creer que las obras literarias deben ser autobiográficas o que estas son de mayor calidad que las enteramente inventadas.