Qhapaq Raymi
Qhapaq Raymi

Manuel F. Perales Munguía
Diversas crónicas y otras fuentes históricas tempranas dan testimonio del gran conocimiento que los incas tenían de los distintos fenómenos celestes y del modo en que éste fue aplicado en la estructuración de un complejo calendario que luego fue implantado en todo el territorio del Tahuantinsuyo con la finalidad de organizar el rol de las distintas actividades oficiales desarrolladas por el Estado.
En efecto, autores como Betanzos, Polo de Ondegardo y Guaman Poma coinciden en señalar que el calendario inca estaba organizado en base a los ciclos establecidos por los movimientos del sol, pero que incorporaba además un cronograma de festividades y celebraciones importantes determinado por doce ciclos lunares. De este modo, se tenía un calendario que estaba conformado por doce meses lunares que se sucedían a lo largo de un año solar, aunque no con pocas dificultades debido a que ambos sistemas de ciclos celestes tienen diferente duración (29.5 días cada mes lunar y 365 días el año solar).
De acuerdo a algunos de los estudios más serios sobre el calendario inca, éste se habría iniciado con el solsticio de verano, que en nuestras latitudes ocurre el 22 de diciembre. En esta fecha (aunque varias fuentes históricas señalan el 23 de diciembre) se llevaba a cabo la fiesta del Qhapaq Raymi, o lo que en palabras de Guaman Poma era "la gran pascua solene sic del sol". Ésta era la primera y principal festividad de todo el calendario inca, más importante inclusive que el mismo Inti Raymi, que originalmente se llevaba a cabo con ocasión del solsticio de invierno, el 22 de junio.
Guaman Poma, en su famosísima Nueva Coronica y Buen Gobierno de 1615, nos refiere que las celebraciones del Qhapaq Raymi incluían sacrificios de niños y niñas que eran enterrados vivos de pie, junto a piezas de oro y plata, además de abundantes cantidades de mullu (Spondylus) y ganado. Luego de estos actos se llevaban a cabo en la plaza principal del Cusco y en las de las otras ciudades principales del imperio grandes fiestas en las que se consumía abundante comida y bebida. Complementando todo lo expresado, en el Cusco también se desarrollaban procesiones entre diferentes templos dedicados al sol y la luna, junto a rituales de veneración a guacas u otras divinidades importantes, entre las que destacaba la de Huanacauri, conformada por una gran roca sin labrar que simbolizaba de alguna forma el acto de la fundación mítica de la capital del imperio.
Partiendo de la importancia que tenía nuestro valle en los tiempos del Tahuantinsuyu y de la notoria jerarquía que ostentaba la ciudad de Hatun Xauxa frente a otros establecimientos estatales del imperio inca, cabe preguntarse ¿cómo habrían sido las celebraciones del Qhapaq Raymi en esta capital provincial inca? ¿También aquí se habrían llevado a cabo sacrificios de niños y niñas, así como fiestas y rituales de veneración a guacas locales y regionales? Para responder a estas preguntas deberán llevarse a cabo investigaciones interdisciplinarias.