Recordando a Manuelita Saenz
Recordando a Manuelita Saenz

Un día como hoy hace 154 años murió en Paita Manuela Sáenz. Mucho se ha escrito y especulado sobre su vida. Fue una mujer extraordinaria. Hablaba y escribía fluido el inglés y el francés. Había leído de cabo a rabo los Comentarios Reales de Garcilaso y los clásicos. Su caligrafía menuda la delata como una mujer instruida. En un tiempo en que poca importancia se daba a la educación de las mujeres. Las pocas hembras cultas del siglo XIX tenían la extraña cualidad de pensar como hombres.

Manuela no fue una excepción. De política y conspiraciones debatía con conocimiento de causa. El inglés lo aprendió de su marido el naviero James Thorne. Thorne un hombre de modales. Manuela, no soportaba las complicaciones de la retorcida cortesía y se permitía licencias prohibidas a las damas como el torcer tabaco y fumar sin atosigarse.

Bailar mostrando la rodilla que en aquel entonces era tamaña lisura. Para montar caballo se ceñía pantalones de ruana y dos pistolas al cinto. La tropa le guardaba respeto no sólo por su proximidad al General Bolívar sino por su destreza en la cabalgadura y por enervar el ánimo con arengas patrióticas. Su celo por Bolívar la llevó a menudas intrigas. Lo que la hizo amada y odiada al mismo tiempo. En Bogotá fusiló las efigies de los opositores al Libertador y más de una vez le salvó la vida a costa de la propia.

Refieren las crónicas que tenía el rostro aperlado y las manos regordetas. La cabellera negra y húmeda le caía sobre los hombros. Cuando se apoderaban de ella los celos y el mal humor era una temible fiera. Más de una vez soportó Bolívar sus arañazos en pleno rostro y los encierros obligados cuando delirante de fiebres quería partir al campo de batalla.

Manuela manejó el borrador de órdenes del Libertador y era encargada de los archivos secretos durante la campaña. Muchos de estos papeles los ocultó sabe dónde en Quito, Bogotá, Kingston y Paita. Gran parte de la documentación que mantenía en Paita la entregó a Florencio Oleary.

Para ella se dejó las cartas íntimas y personales de su correspondencia con Bolívar y otros figurones de la independencia de América. Copiosas fueron sus cartas a su compadre y a la postre Presidente de la República del Ecuador el general Juan José Flores.

En Paita Manuela observaba todo y de ello daba cuenta a Flores a quien enviaba cartas que firmaba como <>. Por aquel entonces, Paita era refugio de políticos desterrados entre los que estaban los "Chihuhas" opositores de Flores y aliados de Rocafuerte.

Entre ellos estaba don Pedro Moncayo Esparza, editor del periódico "La Linterna Mágica" que se imprimía clandestinamente en Paita pero que se distribuía en todo el Ecuador. De tarde en tarde auxiliaba al Cónsul Americano Alexander Ruden en tareas de traducción de documentos. El 23 de noviembre la arrancó la vida la angina de pecho. Sus comadres las Benites y las Castillo con yerbas lograron salvar a sus sirvientas.

Un 23 de noviembre de 1856 murió Manuelita amortajada por sus comadres. Su restos, el polvo de sus cenizas descansa en Paita eternamente. Ella fue una mujer audaz y revolucionaria. Bolívar la consideraba su amable loca. Neruda la invoca como Julieta huracanada. Sin duda que lo fue. Su fantasma recorre las calles de Paita ahí en donde su nombre se convirtió para la posteridad en la palabra libertad.