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Mil momentos para recordar: visita a la Qollqa Mater

Mater reunió un equipo multidisciplinario y empezaron a diseñar. Lo más complicado fue encontrar el lugar donde los vientos funcionan. El lugar elegido fue a 20 minutos de Moray, en Kollparay.
Mater reunió un equipo multidisciplinario y empezaron a diseñar. Lo más complicado fue encontrar el lugar donde los vientos funcionan. El lugar elegido fue a 20 minutos de Moray, en Kollparay.

Jimena Agois

Actualizado el 25/10/2026, 01:32 p.m.

Viajar a Cusco siempre tiene algo de incierto: nunca sabes cómo va a reaccionar el cuerpo a los 3,400 metros de altura. Sobre todo cuando viajas por poco tiempo, emocionado y el corazón latiendo a mil.

Vamos a conocer la Qollqa Mater, un lugar de almacenamiento con refrigeración natural inspirado en las qollqas preíncas e incas y construido cerca del restaurante Mil Centro, en Moray.

Un proyecto que hemos visto en maqueta, y que hoy es realidad. El motivo fue “Mil Momentos”, el tercer encuentro organizado por Pía León, Virgilio Martínez y el equipo del centro de investigación Mater, que conecta gastronomía con múltiples disciplinas.

Llegamos a Kollparay a las 11 de la mañana. Un sector de la comunidad de K’acllaraccay donde viven no más de 15 personas. Son tres familias que ayudaron a levantar esta especie de qollqa que conecta con el pasado. La han visto erigirse desde sus casas: circular, grande, muy cerca de la zona donde trillan sus granos. En su interior han colocado parte de sus cosechas, porque aquella construcción es una gran alacena con temperatura controlada, como un refrigerador, como en los tiempos de los Waris y los Incas.

Son muchos los implicados en este proyecto: la antropóloga y arqueóloga Rachel Schloss, que llegó al Perú para realizar su investigación doctoral, que incluía el estudio de estructuras que podrían haber funcionado como qollqas y en su búsqueda, caminó todo Cusco para conocerlas. Entre visitas, Rachel conoce a Malena Martínez (directora de Mater) y fue entonces que dos caminos se juntaron para armar este proyecto innovador.

Mater reunió un equipo multidisciplinario y empezaron a diseñar. Lo más complicado fue encontrar el lugar donde los vientos funcionan. El lugar elegido fue a 20 minutos de Moray, en Kollparay. Pero aquí nadie se impuso: primero conversaron con la comunidad y en asamblea todos estuvieron de acuerdo en apoyar el proyecto. Nos contaron que la Qollqa Mater, como le llaman, fue levantada por los propios comuneros con la práctica del ayni, que es el trabajo por reciprocidad: yo te ayudo hoy, tú me ayudas mañana.

Fueron siete meses y tres semanas de trabajo bajo la supervisión de Wilber Juárez como maestro de obras. Mater apoyó este trabajo con el financiamiento, la asistencia técnica y todo el soporte que el proyecto y la comunidad requería. Pero la qollqa es de la comunidad, y la idea es que tanto ellos como los investigadores de Mater la usen y experimenten cómo funciona la conservación de alimentos dentro de esta estructura.

Cuándo se construye una qollqa, lo que hace la comunidad es integrarla al colectivo como un ser más y lo celebran porque ahí se está iniciando una relación. La Qollqa Mater está a más de 3,600 msnm. Tiene forma circular, mide unos 5 metros de alto y 7 u 8 metros de diámetro. Por fuera, desde un lado, es como un gran trapecio completamente tapizado de paja. Desde arriba, parece un volcán. Está hecha con piedras que trajeron de una cantera que está a medio camino entre Andahuaylillas y Oropesa, y que proveía de material para las edificaciones de los Waris e incas; los troncos de eucalipto son de Maras, el carrizo de Calca y el ichu de la comunidad campesina de Mantoclla, en Anta.

Gabriela Huayaconza es directora del área de Humanidades de Mater y junto con Malena, Rachel y el ingeniero agrónomo John Checca nos contó que las qollqas deben estar en la parte más alta de la comunidad; que solían conectar regiones y pueblos a través del Qhapaq Ñan (camino inca), de modo que los chasquis, ejércitos y el Inca mismo pudieran abastecerse de alimento en sus recorridos.

Los encargados de suministrar todo eran las propias comunidades y nunca debían quedar vacías: algunas podían tener tubérculos o granos; otras textiles y botánicos; otras semillas y herramientas de trabajo. Al interior hay alrededor de 15 compartimentos, llamados cajones. En cada uno hay temperaturas distintas y la iluminación también varía según estén más cerca o lejos de la puerta.

En este caso, por la puerta que da al Apu Willaq Willqe ingresan dos corrientes de aire: una cálida que sube del valle del río Urubamba y otra fría, más potente, que llega desde el nevado Verónica. El aire ingresa, choca contra una pared y la rodea para discurrir por el pasadizo interior donde están los cajones donde se colocan los alimentos. Los más aireados están primero: hay semillas de papa, oca y mashua; se les cubre con ichu y ponen hierbas aromáticas colgadas, que ayudan a repeler insectos.

Más adentro la temperatura cambia, la luz es más tenue.

Hay herramientas como la chaquitaclla y pieles de cordero; también hay moraya y chuño, que son las papas deshidratadas para su preservación. Luego hay habas, granos y más legumbres. En la zona más oscura hay botánicos que se usan en medicina, en el restaurante o como tintes naturales. Al centro hay un óculo. Dice Gabriela que las qollqas antiguas no lo tenían. En la Qollqa Mater este elemento ha sido incorporado por los arquitectos, como parte de la interpretación de esta construcción utilitaria. Ese gran ojo en el techo permite ver el cielo azul intenso si te paras dentro de este espacio más pequeño, que simbólicamente integra los tres mundos: Hanan Pacha (el mundo de arriba), Kay Pacha (terrenal) y el Uku Pacha (madre tierra). En este espacio íntimo terminamos la visita. Nos dijeron que en este lugar se puede hablar con los Apus porque hay eco, y en la simbología andina el eco es sagrado pues se considera la respuesta de las montañas.

La Qollqa Mater es una reinterpretación contemporánea de estos sistemas ancestrales de almacenamiento, articulando saberes tradicionales con arquitectura e investigación actual para fortalecer la seguridad alimentaria en la zona de Moray frente al cambio climático. Un proyecto único que vale la pena visitar.

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