Andrés Longhi: “La fotografía es una herramienta para contar emociones”
Andrés Longhi: “La fotografía es una herramienta para contar emociones”

La fotografía es el arte que inmortaliza los instantes precisos, que ayuda a proteger la memoria individual y colectiva. Sobre la base de esto último, Andrés Longhi fundó en 2009 Ojos Propios, una asociación de fotografía participativa que tiene como objetivo principal fortalecer las capacidades de las comunidades con talleres que permitan comunicar los recuerdos y sueños a través de las emociones plasmadas en imágenes.

¿Cualquiera puede ser fotógrafo? 

Cualquier persona es un fotógrafo. Esto parte de lo que vemos y miramos. Cuando ves recibes información, pero cuando miras le das características a las cosas. Si nos ponemos en una escena donde llegan 6 fotógrafos, cada quien tomará una instantánea totalmente diferente, porque depende del lente y ángulo; todo eso acredita al fotógrafo. La forma de ver es algo muy personal y eso se cultiva con el tiempo. A través de los talleres se empuja a que la gente adopte una forma de apreciar las cosas.

¿Cómo se trabajan las emociones? 

La emoción es el motor del proceso de la comunicación, por eso a los participantes no se les pide una técnica, sino que manifiesten lo que sienten. Son ellos quienes mejor saben cómo es la vida, por ejemplo, en sus comunidades. Por eso, cuando he ido a lugares como Ayacucho, por un día o dos, yo no tenía ningún derecho de contar alguna historia del lugar. Pero si transmites esa idea a los pobladores y les dices “cuéntame la historia con imágenes”, empezarán a buscar los sitios más importantes en su memoria. Bajo este tipo de situaciones, el ejercicio que hace Ojos Propios es trabajar con los recuerdos para crear emociones, y la fotografía es una herramienta para contarlas.

¿Cómo reaccionan las personas de las comunidades en los talleres? 

Se sorprenden. Por ejemplo, en Pucusana, un señor de 65 años, cuyo trabajo es recolectar basura, empezó a tomar fotos y su visión cambió por completo. La autoestima sube. No imaginas que la gente te puede hacer caso hasta que presentas una fotografía y produces emociones, y cuando empatas estas sensaciones, estás creando arte. No necesitas hablar un idioma, eso lo transmite la fotografía. Gracias a su uso se convierte en un lenguaje

¿Se ha presentado resistencia en los talleres?

Sí, en todos. Algunos participantes cuestionan las cosas, hasta que se dan cuenta que es una herramienta extraordinaria para que cuenten sus historias. Las dos primeras reuniones son muy complicadas, pero después empezamos a establecer un diálogo visual. Ya en la tercera presentan su mejor foto, la justifican y le dan un sentido. A la cuarta ya no es una foto, sino cinco. Y en el camino muchos se convierten en líderes, como fue el caso de Shasir, un joven que vive en el Callao y hoy es mi ahijado.

¿Considera a la fotografía como un medio para entender los conflictos sociales? 

Absolutamente. Eso es lo que hemos hecho en Pucusana, donde evitamos un conflicto social entre la empresa Lindley y el gremio de pescadores. Lindley estaba construyendo una embotelladora en este lugar y la empresa quería saber cómo iba a reaccionar la comunidad. A partir de las fotografías que todos ellos capturaron, que fueron 11 mil, se pudo ver la preocupación en torno a los desperdicios que se generaban y la delincuencia. Por ello la empresa donó un camión de basura, se asoció con la municipalidad y con el gremio de pescadores. Ahora funciona bien. Es por eso que la fotografía es una herramienta de comunicación alternativa.

¿Cuál es el proceso de aprendizaje durante los talleres?

Se empieza por el autorretrato y nos ponemos a analizar situaciones como: Si fueras una parte de tu cuerpo, ¿cuál serías? Por ejemplo, tu mano. Luego, si fueras parte de tu casa, ¿qué parte serías?; quizá una ventana y empiezas a construir un autorretrato a partir de este objeto. Considero que una imagen vale más que mil palabras, pero si juntas varias te contarán grandes historias. Mientras se aprende también se desarrolla la técnica.

¿Qué pasa con las personas que descubren sus capacidades en los talleres? 

Se convierten en tutores. Ellos dan la técnica, el conocimiento y la sabiduría a los demás participantes, que ponen ímpetu y ganas. Finalmente la mezcla genera algo extraordinario.

DATO

Andrés Longhi. Fundador y director de ojos propios. Experto en fotografía popular y contenidos visuales. Estudió Ciencias de la Comunica-ción en la Universidad de Lima y Psicología en la UNMSM.