¿Qué le sucede a tu cerebro cuando te enamoras?

Cuando te enamoras, tu cerebro pone en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso.
¿Qué le sucede a tu cerebro cuando te enamoras?

¿Qué le sucede a tu cerebro cuando te enamoras?

20 de Octubre del 2018 - 19:53

Muchas personas en el mundo piensan que el amor es un millón de enfermedades distintas, que tarde o temprano nos atrapará. Ya sea un completo desconocido, un compañero de trabajo, o quizás tu mejor amigo, nunca sabrás cuando vas a sentir ese “crush” que se expandirá cual virus letal en tu ser.

En el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente las áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza”, comenta Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra.

Cabe mencionar que la visión, la voz y el intelecto de la otra persona juegan un papel muy importante. “Ver el rostro de la persona enamorada es importante para despertar y mantener el enamoramiento, ya que provoca una serie de emociones positivas que le llevan (a la persona enamorada) a empatizar, conocer los sentimientos e intenciones y ajustar las respuestas”, afirma la especialista.

El popular refrán “el amor es ciego”, nace, ya que el amor que se siente por una persona, puede ocultar los defectos de la otra, y maximiza las virtudes.

Otros especialistas comentan que el amor es una simple cuestión química de: adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina, testosterona, un cóctel de sustancias que recorren el cerebro de la persona enamorada.

El deseo es la primera fase del amor y lo produce la adrenalina, luego la atracción, generada por la dopamina, seguimos con el cariño, sentimiento ya más establecido en la persona a causa de la serotonina y oxitocina.

En el cerebro pasan un sinfín de cosas cuando uno se enamora, que incluso, podemos atrevernos a decir, que ni la ciencia podrá saber con exactitud. 

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