"Lo que vi ese día en la Asistencia Pública de Grau (hoy Hospital de Emergencias Pediátricas) no se ha borrado de mi mente en 50 años. Claramente recuerdo que tuve que pisar los cuerpos de las víctimas de la tragedia del Estadio Nacional, tirados en la vereda, para salir a curarme de los cortes que me dejaron en el vientre el fierro de las puertas cortadas por los rescatistas para ayudar a las personas atrapadas la tarde del 24 de mayo de 1964, luego del partido que jugaron los seleccionados de Perú y Argentina", recuerda el jaujino Teodoro de la Cruz Llallico (70), uno de los sobrevivientes de ese aciago día.
"Estuve ahí y vi cómo empezó todo. El árbitro Pazos anuló un gol peruano legítimo y los hinchas empezamos a protestar. Arrojamos botellas de cerveza y un moreno apodado "Bomba" se metió a la cancha. Allí empezó todo, otros los siguieron y la Policía arrojó bombas lacrimógenas a la tribuna norte. La gente salió en estampida a la calle, pero las puertas estaban cerradas. Los primeros que intentaron dejar el estadio murieron pisoteados o asfixiados", recuerda con dolor este aficionado que vive en San Juan de Lurigancho.
Mala hora. "El partido entre Perú y Argentina iba a permitir que uno de los dos vaya a las Olimpiadas de Tokio. Todos esperábamos el día del encuentro. Sabíamos que ya no habían entradas, pero el domingo 24 de mayo de 1964 fui al estadio con tres amigos, los hermanos Huayra. Por suerte los revendedores tenían entradas y pagamos 15 soles, cuando solo costaban S/.10", recuerda.
Tras levantarse la camisa para mostrar las feas cicatrices que le dejaron los cortes en el pecho y vientre los hechos de ese día y decir que es la primera vez que cuenta su historia a la prensa, el rostro de Teodoro de la Cruz se ilumina al recordar que el Estadio Nacional estaba repleto y todos alentaban al Perú.
"La gente estaba feliz y disfrutaba el partido, aunque Argentina ganaba por un gol. Conforme pasaba el tiempo, los hinchas se entusiasmaban más gracias a la cerveza que se vendía libremente en las tribunas. Todos tomábamos y por eso cuando el árbitro Pazos anula el gol de Lobatón, influenciado por los reclamos de Perfumo, la gente se amarga y empieza a lanzar botellas de cerveza a la cancha sin medir las consecuencias", añade con voz grave.
"Bomba". "Todos pifiaban el fallo y en eso vemos que un hombre ingresa corriendo a la cancha para pegarle al árbitro. La Policía lo detiene y lo apalea. Creo que eso provocó la tragedia, porque ese hincha expresaba todo lo que los peruanos sentíamos en ese momento. Al llamado "Negro Bomba" le siguieron otros y para evitar que más entren a la cancha la Policía lanzó bombas a la tribuna norte. Unos se quedaron en las gradas soportando los gases y muchos buscamos la salida. Cuando me di cuenta, la fuerza de la gente me levantaba en vilo hacia la puerta sin poder hacer nada para evitarlo, pero no se podía salir porque estaba cerrada. Hasta ahí recuerdo porque me desmayé", añade.
"Desperté y cuando salía me caí y corté con la puerta rota. Otra vez perdí el conocimiento y aparecí en el hospital Grau. Como nadie me atendía, salí de allí pisando a los muertos y me fui a casa. Todas las radios llamaban a los médicos para atender a los cientos de heridos. Eso es todo. No hay más. Ojalá que nunca más vuelva a pasar esto en el Perú", termina.

:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/3L2WIFRO7RHJFCZ3JPVF7UAFVE.jpg)
