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El segundo acto del Inti Raymi (y uno de los más esperados en Cusco) se da en plena plaza de Armas de la Ciudad Imperial. Hasta donde llegó el Inca para dirigirse a su padre el Sol y a los conciudadanos.

Hasta el perímetro de lo que fue una antigua huaca inca, llegó el Sinchi o jefe de las tropas, quien inspeccionó el lugar, para dar paso a los guerreros y a la guardia personal del Inca, una vez que todos ingresaron, incluída la Coya, la ceremonia empezó.

En el usnu (parte alta) construido en medio de la plaza, el Inca le dirigió en quechua al Sol, quien le encomendó que haga un t'ínku (adivinar la suerte con hojas de coca), a lo que el Inca procedió con este ritual, lanzando las hojas al viento para ver qué le deparaba el futuro a Cusco.

Es así que en esta parte del Inti Raymi, el sumo sacerdote o Kuraq Aku, recogió las hojas de coca y se las dio al Inca, citando que su padre el Sol, deseaba un sacrificio, de lo contrario no sería un buen año para el incanato.

Entonces el Inca se dirigió a todos, citando que cumplirá la voluntad del Sol y que para ello se dirigirá a Sacsayhuamán, a fin de continuar con el Inti Raymi y realizar el sacrificio solicitado, no sin antes citar que las hojas de coca citaron que todo está yendo bien en el imperio de los incas y que todos deben de dedicarse con más ahínco al trabajo, no deben mentir y mucho menos robar. 

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