Algunos historiadores sostienen que con la llegada de los españoles las costumbres andinas dieron un giro abrupto debido a la imposición de la violencia e incluso de las creencias religiosas con nuevas celebraciones extrañas para los antiguos peruanos. No obstante, algunas de ellas resistieron el paso de los años y nunca desaparecieron.

El Carnaval de Pukllay es una de estas fiestas ancestrales y su celebración está a cargo de los comuneros de Apurímac, quienes, con alegría y elegancia, personifican símbolos de bienestar como el emparejamiento y la fecundidad.

Pukllay significa "juega" en quechua y en honor a ello cinco mil personas integrantes de 100 delegaciones rurales participaron el pasado 28 de febrero cantando y bailando por las calles andahuaylinas, disfrazados con trajes de colores, envueltos con serpentinas y embadurnados en talco, sin que la repentina lluvia distraiga su entusiasmo. El estadio Los Chankas albergó al pasado 1 de marzo la final de un reñido concurso de baile que impresionó al jurado con singulares golpes y chicotazos. Todo esto demuestra que el espíritu de esta legendaria localidad se mantiene intacto a pesar del tiempo.