Contemplar el atardecer desde el mirador que, silencioso, parece vigilar el viñedo de Tacama, es el final perfecto para un día inolvidable. Un día en que la historia, las tradiciones, los hermosos paisajes y el buen vino han sido los principales ingredientes de uno de los más representativos recorridos turísticos de Ica.
Historia, porque el viñedo Tacama nació a los pocos años de la llegada de los españoles al Perú y fue fundado por Francisco de Carabantes en 1540. Durante sus casi 500 años de existencia, la hacienda tuvo varios dueños -entre ellos el Convento San Agustín de Ica, a principios del siglo XIX- hasta que la familia Olaechea, actual propietaria, la adquirió en 1889.
Tradición en barricas. La casa-hacienda conserva aún parte de la decoración y arquitectura clásica del siglo XIX. Muy cerca de ella podemos encontrar la inmensa prensa de uvas, hecha con madera de guarango, una pieza única con la que se elaboraba el vino.
Allí, centenarias barricas y modernos equipos se combinan para realizar la compleja, laboriosa y paciente fabricación del vino. Desde la cosecha de la uva, hasta que el líquido es embotellado, cada paso del proceso está ahí, frente a nuestros ojos. Luego de esa visita, tomar una copa de vino o de pisco no volverá a ser lo mismo.
La tradición corre por cuenta de los elegantes caballos de paso, la clásica caballeriza y las aves de cetrería que cuidan los viñedos. Jaime Marimón, jefe de control biológico de Tacama, es el encargado del entrenamiento de las aves y emplea un método tan original como ecológico, que aún no se aplica en otras viñas extranjeras.
Y, por si fuera poco, todo se encuentra enmarcado en el hermoso paisaje del valle de Ica, donde el verdor de la vegetación contrasta con la aridez de los desiertos. Un lugar lleno de historia, a pocas horas de Lima, que vale la pena visitar.
ERNESTO ARRASCUE
farrascue@epensa.com.pe
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Un paseo por Tacama
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