Zaña, a 40 minutos en auto, al suroeste de Chiclayo, tiene un pasado lleno de magia e historia, perennizado en las ruinas de una otrora ciudad colonial, que pudo convertirse en la capital del Perú.
Pero también tiene una maestra dulcera con tradición y miel en las manos.
Grimanesa Andonayre Rodríguez es la dama más conocida de este parte de la región Lambayeque, y por quien miles de norteños han endulzado su vida con un buen manjar salido de las manos de nuestra entrevistada.
Con 94 años a cuestas y el vigor a prueba de azúcar, Grimanesa nos da algunos detalles de su trabajo, que perdura en su familia por más de 100 años.
¿Desde cuándo se dedica a preparar dulces?
Desde muy pequeña. Esto lo aprendí de mi madre, que preparaba estos dulces (enseña su mostrador) para consumo de nosotros y también para venta.
Pero ¿desde qué edad en este negocio del dulce?
Desde más o menos los 15 años. Esto viene de 2 generaciones: la de mi extinta madre y la de nosotros, sus hijos. Hemos aprendido de ese trabajo. Yo soy mayor de 8 hermanos, un par de ellos son policías. Mis hermanas menores son las que se dedican a distribuir los dulces que preparamos.
¿Hasta qué lugares han llegado sus dulces?
(Sonríe) Mi mamá empezó repartiendo los dulces en ferias como la del Señor de Huamán en Trujillo. Y al norte, hemos ido hasta la festividad de la Virgen de las Mercedes en Paita.
Y desde esos tiempos, siempre hemos distribuido los productos solo en la costa.
¿Qué es lo que más recuerda de los dulces para las ferias?
Bueno, yo nunca he repartido los dulces porque los preparo. Pero sí puedo decir que hemos ido a fiestas como la del Cautivo en Monsefú, y la Cruz de Motupe. En esta (última) festividad, hace algún tiempo, llegamos a utilizar 20 quintales de azúcar, que son más o menos unos mil kilos, para la preparación de los dulces que tenemos aquí.
¿Cuáles son los dulces que más prepara?
Aquí preparamos alrededor de 10 clases de dulces. Hay machado de membrillo, dulce de piña con camote, manjar blanco que se prepara del día, ajonjolí con alfeñique, y otros más. Hay muchos que han pedido el secreto para los dulces, pero no se lo doy a nadie (sonríe).
¿El negocio es todo el año?
Sí, las ferias ya se conocen y por eso vamos hasta esos lugares. Y aquí (Zaña), que la tiendita está abierta todos los días, frente a las ruinas del convento de San Agustín.
Tiene 94 años y no parece ¿cuál es el secreto?
(Ríe) Bueno, el secreto es que como siempre mi caldo de verduras. Ese es el secreto. Pero también es comer pescado, a veces aves de corral. La carne casi no la consumo. Claro, también ayuda estar en actividad.


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