Un terremoto le hizo perder literalmente la cabeza y uno de los colosos de Memnón, en el sur de Egipto, acaba de recuperarla por obra de un equipo internacional de arqueólogos.
Con el contorno bien definido de uno de sus lados y la huella de la erosión marcada en el otro, esa cabeza de dieciséis toneladas fue presentada hoy descansando sobre los hombros de la gigantesca estatua, como no lo había hecho desde hacía unos 3.200 años.
De cuerpo completo, ese gigante de cuarcita se halla en el segundo pilono de los tres que forman el templo fúnebre de Amenhotep III (Amenofis III, en griego), cerca de la ciudad de Luxor.
Representa a ese faraón de la XVIII dinastía, que consolidó la supremacía egipcia en Babilonia y Asiria desde la antigua Tebas entre los años 1390 y 1352 a.C.
Sentado en un trono con la reina Tiye junto a su pierna derecha, supera las 300 toneladas y mide 11,5 metros de altura.
Tras la recolocación en su lugar original de estas piezas y otras de menor tamaño, faltan otras muchas por recuperar en el mayor templo del mundo, de unos 700 metros de largo y compuesto de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila y un santuario.
FOTO: EFE

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