Siria: Siete años en guerra (VIDEO)

Millones de personas han perdido a sus seres queridos y hogares por la violencia constante

16 de Abril del 2018 - 17:00 » Textos: Luis Ráez » Fotos: EFE

En cuestión de días, se pasó de un conflicto regional a una posible conflagración entre potencias. El ataque químico del 7 de abril contra civiles en Duma -zona con presencia de rebeldes opositores al régimen del dictador sirio Bashar al Assad- hizo que Donald Trump cambie su retórica. Mientras el 3 de abril hablaba de retirar a sus tropas de Siria, 10 días después lanzaba “ataques de precisión” contra posiciones de Al Assad. Rusia -aliada del dictador- anunció que el ataque “no se quedará sin consecuencias”. Un conflicto entre Moscú y Washington solo prolongaría aún más la agonía del pueblo sirio.

Después de siete años de guerra civil, el país está prácticamente en ruinas. Del antiguo esplendor de urbes como Homs o Alepo no queda casi nada tras ser reducidas a campos de batallas. Cerca de medio millón de personas han muerto por los combates y bombardeos de todas las partes en conflicto, y más de 13 millones necesitan ayuda humanitaria. Además, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hay 6.1 millones de desplazados internos. Una cantidad parecida ha huido del país. De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), al 7 de abril había 5.6 millones de sirios en Turquía, Líbano, Jordania, Iraq y Egipto, principalmente en campos de refugiados, donde enfrentan duras condiciones de vida.

Un escenario complejo. 

La guerra de Siria es en realidad muchas guerras en una y ello explica en parte toda la tragedia. El conflicto estalló en 2011. En el marco de la Primavera Árabe, hubo manifestaciones que exigían la salida de Al Assad, cuya familia está en el poder desde 1970. El dictador respondió con fuego a las protestas, lo que agravó la situación y llevó a la creación del Ejército Libre Sirio (ELS), que recibió inicialmente apoyo de EE.UU. El ELS pasó de la ofensiva a la retirada luego de que Rusia interviniera activamente en la guerra en 2015. Moscú no solo tiene una larga relación con la familia Al Assad, sino también intereses estratégicos. Uno de ellos es hacer del puerto sirio de Tartús una base naval permanente que le dé a Rusia presencia en el Mediterráneo.

Irán también se sumó a la alianza sirio-rusa. Hay razones políticas y religiosas para ello. Teherán defiende el Islam chií (Al Assad pertenece a una facción chiita), mientras que los rebeldes son en su mayoría sunitas. Además, Irán mantiene una lucha de poderes en Oriente Próximo con Arabia Saudí, país defensor del sunismo y aliado de los rebeldes.

La guerra se complicó más con la intervención de milicias islamistas como Hezbolá (por el lado chií) y los yihadistas sunitas. Entre estos últimos destacan Al Qaeda y sobre todo el Estado Islámico. El autoproclamado califato empezó a ganar protagonismo en 2014 tras abrir un nuevo frente, al que tanto el régimen como el ELS debían responder. En la lucha contra el EI fue vital el pueblo kurdo, que recibió apoyo de EE.UU. Pero los kurdos -debido a sus reclamos territoriales para formar un Estado propio- están enfrentados con Turquía, que paradójicamente también es aliado de EE.UU. Ankara entró de lleno a la guerra en 2016 para pelear contra el EI y también contra los kurdos. Para esta última lucha no ha dudado en emplear milicianos islamistas sunitas. 

El panorama actual. Tras siete años de guerra, Al Assad controla casi todo el país, el Estado Islámico estaría derrotado -aunque quedan remanentes- y el ELS ya prácticamente no existe. De los opositores al régimen solo quedan en su mayoría grupos islamistas. En cuanto a los kurdos, están limitados al este del Éufrates, enfrascados en su guerra con Turquía y aparentemente dejados a su suerte. Ante ello, ¿qué efecto tiene un ataque de Trump contra Al Assad?

Según Washington, la única pretensión es destruir el arsenal de armas químicas del dictador. Además, la portavoz del Pentágono, Dana White, dijo ayer que el objetivo en Siria era “derrotar al Estado Islámico y no implicarse en la guerra civil”. Con ello dio a entender que no habría intención de derrocar al régimen, a pesar de que tanto Barack Obama como Donald Trump lo han calificado repetidas veces de criminal.

El problema, según Farid Kahhat, experto en temas internacionales, es que no hay quién reemplace a Al Assad. “El retiro del apoyo de EE.UU. a los rebeldes es oficial. Sus miembros fueron abandonados y derrotados. La mayoría probablemente murió. De derrocar a Al Assad, a estas alturas ya no hay quién pueda controlar el territorio, salvo grupos (islamistas). De llegar a estar eso en agenda, las consecuencias podrían ser peores que la permanencia de Al Assad en el poder. Si bien su gobierno es un régimen criminal, que ha masacrado a amplios sectores de su propia población, algunos de los grupos alzados en armas contra él son tan malos o peores”, sostiene. 

Muchos analistas coinciden en que la oportunidad para derrocar al dictador fue al inicio de la guerra, cuando la insurgencia tenía fuerza. Sin embargo, la Administración Obama prefirió no involucrarse directamente en el conflicto, salvo para combatir al Estado Islámico.

En el nuevo panorama, EE.UU. difícilmente podría derrocar a Al Assad sin enviar tropas para mantener el control del territorio, aunque ello implicaría probablemente enfrentar a fuerzas rusas. Ese escenario daría a la guerra un pronóstico reservado, donde lo único seguro es que las mayores víctimas seguirán siendo los civiles sirios.