El Tratado de Lima, firmado un día como hoy 3 de junio, en 1929 -gobernaba Augusto B. Leguía (1919-1930)-, solucionó para siempre la delimitación terrestre entre Perú y Chile. Esa es una verdad incontrastable que cualquier idea en contrario resulta absolutamente demagógica. Las hay, pues algunos peruanos irresponsablemente siguen pregonando la absurda recuperación de Tarapacá y Arica, a las que denominan provincias cautivas. También hay chilenos que, en expresión del cinismo a la máxima potencia, han sostenido que la delimitación marítima entre ambos países, decidida por la Corte Internacional de Justicia, se inicia en el Hito N° 1, que es el punto de demarcación terrestre acordado por la Comisión Mixta peruano-chilena en 1930 y que el denominado triángulo terrestre -no existe jurídicamente, pero geométricamente se encuentra dentro del territorio (soberanía) del Perú-, es chileno.
Lo voy a explicar. 1° El Tratado de Ancón (1883), que puso fin a la guerra entre ambos países, debió significar una etapa distinta al funesto enfrentamiento bélico. No fue así. Chile se comprometió a celebrar un plebiscito para los territorios de Tacna y Arica, pero fuimos cándidos y no leímos que su plan expansionista era de realización imperturbable desde los tiempos de Diego Portales, por lo que la chilenización era parte de ese cometido. 2° EE.UU. nos prometió la recuperación de Arica y Tacna, y al final solo conseguimos la reincorporación de la heroica Tacna al seno de la patria. En toda negociación, las posiciones maximalistas deben dar paso a la cesión, que no debe asumirse como una derrota. El acuerdo con Chile nos exigía realismo político-diplomático y eso hicimos, por lo que Leguía fue injustamente satanizado. 3° En 1999, Chile dio cumplimiento a los pendientes señalados en el artículo 5 del Tratado, esto es, la construcción de la estación terminal ferroviaria Tacna-Arica, el malecón de atraque y el edificio de aduanas. Aunque no hemos aprovechado hasta ahora dicha servidumbre a nuestro favor, Chile cumplió y eso fue lo relevante. A 90 años de la firma, lo importante es que ambos países concluimos en 1929 nuestros problemas terrestres, gracias a este tratado que tiene carácter perpetuo.


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