Julio Vargas C.
Sería irreparable pasar por alto los graves excesos a causa de la violencia interna con un altísimo costo de vidas humanas y el odioso enfrentamiento entre peruanos; etapa escalofriante que no se puede olvidar, menos repetir; tiene que ser una lección permanente para las nuevas generaciones.
Cómo olvidar los asesinatos de Saúl Muñoz Menacho, Félix Ortega Arce, Hernán Espinoza Cárdenas, Hernán Tenicela Fierro, Angélica Quintana Salvador, José Dagha Del Castillo, Horacio Gago Espinoza, José Agurto Tello, David Guerrero Duarte, Jaime Cerrón Palomino, Fortunato Aguirre Palomino, Luis Aguilar Romaní, abatidos por las balas en la cruenta violencia interna.
Cómo borrar las muertes de autoridades, ciudadanos, maestros, universitarios, militares, policías, en la etapa más espeluznante de la historia del Perú, sin pasar por alto los alevosos atentados criminales, salvándose en uno de ellos el ex alcalde de Huancayo, Ricardo Bohórquez Hernández.
Y uno de los pasajes más terribles se dio en la Incontrastable, donde las hordas senderistas mataron sin piedad al gobernador Raúl Monterola y a su esposa en estado de gestación; a él lo degollaron y a ella la acuchillaron; la pequeña hija fue hallada dormida sobre el cadáver de su madre, "ahogada" en llanto y dolor. Escena conmovedora, a la vez espantosa.
Infaustos años donde fue arrasada la Sais Cahuide, de numerosos degollados en Chongos Alto, en Chachicocha, de las matanzas de profesores del "Ramiro Villaverde" y de Molinos; saldos que lastiman y que las nuevas generaciones ignoran.
Un pueblo que no conoce su pasado, no puede comprender el presente, menos construir el futuro; entonces, para que no se repitan los horrores pretéritos es ineludible un Museo de la Memoria; hay que honrar a las autoridades políticas asesinadas, a esos hombres y mujeres que postulaban, a pesar de los riesgos, para trabajar por la prosperidad de sus pueblos. Son los mártires de la democracia.
La idea no es hacer apología del terrorismo, ni de los militares o civiles que incurrieron en delito, lo que se aspira es ? por ejemplo- tener un lugar preferente para exaltar a los ronderos, héroes anónimos que "pusieron el pecho" frente a la subversión; sin ser soldados cargaron con todo el peso del conflicto y vencieron.
Hay que evocar a los periodistas asesinados, a los mutilados, a las madres indefensas; hay muchísimos que merecen estar en el recuerdo, como testimonio de lo que ocurrió en los años más cruentos. Es imprescindible conocer la historia como propuesta para lograr la reconciliación nacional.
El Museo de la Memoria será una realidad y el valle del Mantaro tiene que estar presente, por la misma crudeza de la violencia que se vivió aquí, las autoridades e intelectuales tienen el compromiso moral de emprender la tarea que presentar todos los testimonios para que las nuevas generaciones conozcan el episodio que jamás debe repetirse.