El Tribunal Constitucional (TC) ha cometido un grandísimo error al dar luz verde a que sentenciados por terrorismo que hayan cumplido sus condenadas, puedan ser candidatos a cargos por elección popular, lo que en la práctica hace que estos elementos que en muchos casos insisten con su prédica criminal hasta la tumba, ya no solo tengan la posibilidad de dinamitar a Perú desde fuera del Estado, sino también desde adentro.

Se afirma que si se les prohíbe postular en una elección, se estaría limitando su derecho a la igualdad ante la ley, que está consagrado en la Carta Magna. Pues bien, en nombre de eso, para que no se le “discrimine” por su pasado, un asesino de civiles, policías o militares, o autor de un atentado con un coche bomba o un degollador de niños asháninkas, en cualquier momento podría ser regidor, alcalde, consejero regional, gobernador, congresista o incluso presidente de la República.

Es un legalismo considerar que estos elementos quedan “rehabilitados” luego de haber cumplido sus condenas, por más larga que estas hayan sido. Algunos quizá lo estén, y bien por ellos y la sociedad a la que quisieron destruir con bala y dinamita. Pero, ¿alguien podría creer que esa gente del Movadef o los que pedían hasta hace poco la libertad de Abimael Guzmán, son ahora mansas palomas arrepentidas de sus crímenes del pasado? No seamos ingenuos.

Tengo mucho respeto por los miembros del TC que parecían más sensatos que la mayoría del anterior colegiado, pero lo que han hecho es muy grave para el país. Por incurrir en un formalismo están exponiendo a la sociedad. Si han cumplido sus condenas que se dediquen a lo que buenamente puedan, pero no se les debe abrir las puertas del Estado que estuvieron a punto de hacer estallar al amparo de un mamarracho ideológico basado en el odio y la muerte.

Muchos senderistas deben estar matándose de la risa, burlándose de cómo el Estado “inocente” los protegen con sus leyes. En las cuevas y alcantarillas desde donde opera el Movadef, todo debe ser felicidad. Ya tuvimos un presidente filoterrorista como Pedro Castillo. Ahora, gracias al TC, podríamos tener en el Congreso y hasta en Palacio de Gobierno a un senderista o emerretista puro y duro. Solo en el Perú, señores.

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