El 23 de junio del 2004, le dediqué una columna a José Neptalí Urrea Ríos o simplemente Pepe Urrea. Fue con motivo de los 7 años que cumplía el noticiero de Melodía en FM, que había marcado un hito en la radiotelefonía arequipeña, pues empezaba a la 1:30 de la madrugada.
Pepe se ha ido sin despedirse. Un día llegó de su natal Colombia en busca de nuevos horizontes y hechó raíces aquí, contrajo nupcias con la dama Deysi Pinto y paralelamente "se casó" con Radio Melodía que fue su centro de trabajo, su segundo hogar, su razón de ser.
Como opina mi querido y distinguido colega Edgar Añari García, a Pepe hay que recordarlo con alegría y sin pena, porque no le agradaría que nos estacionemos en el desconsuelo. Porque Urrea fue alegre, chispeante y bromista como él solo.
Su generoso corazón, lo traicionó el domingo último. Pero murió en paz, pues antes del paro cardiaco que acabó con su vida, había ido a misa, se recostó luego que regresó del templo y se durmió para siempre.
Es una muerte dulce, como que la muerte no es más que el dulce tránsito que nos acerca al Señor.
Mucho tiempo fui comentarista del programa que dirigía Pepe y siempre "me picaba" y yo le contestaba. Cómo no recordar su solemne inicio del programa con "La oración por la paz" de San Francisco. Cómo no recordar sus dichos clásicos, como "esto está más peligroso que balacera en ascensor", "que me cuenten una de vaqueros", "más fácil que agarren un rayo por la cola".
Su fallecimiento ha merecido el reconocimiento de tirios y troyanos. No importan las diferencias políticas. Con Pepe tuvimos muchas discrepancias, pero siempre respetuosas y felizmente nunca comprometieron la buena amistad que cultivamos.
Elogiosos discursos, como el del ex decano del Colegio de Periodistas de Arequipa, doctor Percy Gómez Benavides, de colegas como Marcio Soto Rivera, Edgar Añari García, Juan Gonzales Solís, han tenido un denominador común: El periodismo arequipeño ha perdido un destacado colega.
Pepe, descansa en paz en el regazo del Altísimo.