Carlos Robles Rázuri lo identifica como "el grano sancochado que queda en el tocuyo o cedazo con el que se cierne el licor de los ingas", lo que Edmundo Arámbulo Palacios describe como el "bagazo que resulta de «taquear» la chicha en una tela suave", buen alimento para las aves de corral y para los coches o chanchos, señala Robles. En realidad en todo el Perú, y en parte de Argentina (donde vulgarmente también ha tomado un significado obsceno), Chile, Venezuela y Guatemala se dice "afrecho" de trigo, de cebada, de maíz, de arroz, de yuca? En Paraguay también se dice del grano sancochado.

Se trata de un arcaísmo latino conservado en mozárabe, proveniente de un participio del verbo "affrangere", que significa 'romper', y ciertamente es lo que resulta de la molienda del grano. Los diccionarios de peruanismos actuales no lo recogen porque la palabra la traen también los españoles, pero se trata de un término dialectal, equivalente al más extendido que es "salvado" (que es un participio transparente).

Por fin, "bagazo" es un término traído también de las Islas Canarias, común con el portugués, y deviene de un aumentativo latino de "baca", que era el nombre que se le daba en la antigüedad romana a la cápsula que envuelve la semilla de linaza.

Juan de Arona (1883) sí que había tratado el término, y justificaba el uso peruano de afrecho frente a salvado (castellanismo que "aquí nadie usa", dice Arona), porque el Inca Garcilaso "en sus Comentarios se sirve corrientemente de la palabra esta". Aunque tal vez Garcilaso lo utiliza también porque era usual en Montilla y en Córdova, donde él vivió desde los dieciocho años hasta su muerte. Efectivamente, mientras la parte oriental de Andalucía prefiere la forma normativa española ("salvado"), el dialectalismo "afrecho" se extiende por las provincias de Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva, en toda la parte central y occidental del sur español, y de aquí invadió las Islas Canarias, donde es la denominación dominante, seguida de acemite.

Así que la información que tenían los primeros académicos era aún escasa cuando salió el primer tomo del Diccionario de Autoridades (1726), pues afirmaron que "afrecho es voz antigua, que ya sólo tiene uso en los reinos de Andalucía". Se trata, en definitiva, de andalucismos generalizados en Canarias y América.

Para confirmar la extensión y la historia de cada término, necesitamos un diccionario histórico de americanismos que no existe todavía, aunque hay aportes importantes al menos en lo que se refiere a indoamericanismos (aunque no como este "taquear", que no proviene de "taco" sino de "taca", que es en Piura el "afrecho", o el 'sobrante o concho de la chicha', según Arámbulo, probablemente introducido del quechua "taka" 'golpe', si no se relaciona con el mochica "taka" 'taberna' que registra Bruning, quien también registra el verbo "taquear", descrito ahora por Arámbulo: "cernir la chicha en un tocuyo o costalillo blanco", y sería la misma voz que deriva en el nombre del selvático "tacacho"). Esteban Puig dice que la "taca del pachucho" es espesa "como la mazamorra".

Por su parte, "pachucho" es también piuranismo, y se dice del maíz especial para la chicha, aunque es un término general del castellano que se aplica a los frutos pasados o demasiado maduros y a las personas flojas y enfermas.

El jesuita Rubén Vargas Ugarte ha recogido, en un breve glosario de los años cincuenta, un centenar de términos históricos hallados en sus pesquisas entre documentos coloniales y republicanos. Sería bueno retomar ese esfuerzo para hacer un tesoro breve del español andino. Los lexicógrafos piuranos han aportado muchas informaciones en este esfuerzo que debería ser colectivo. La globalización tiende a igualar las denominaciones, sobre todo en el ámbito del comercio, y ahora se dice también "salvado de trigo" en los supermercados peruanos y corremos el riesgo de perder un patrimonio histórico también formado de palabras.