En tiempos de compra y venta de regalos, es necesario abrir bien los ojos para que no nos den gato por liebre. Asegurarnos de que aquello que recibimos es de calidad. Para eso es preciso buscar la etiqueta de garantía.

En las relaciones de pareja paso algo parecido. En ocasiones, olvidamos -o pasamos por alto- las etiquetas. Sin embargo, así como comprar un regalo sin marca conlleva no tener garantía para reclamar cuando falle, lo mismo pasa en las relaciones “sin etiquetas”; en ellas no hay lugar a reclamos.

Las relaciones “sin etiquetas” son pasionales y sexuales, el momento se vive intensamente, y como el compromiso no está establecido, no hay lugar a planes a futuro. En ellas, la pregunta “¿qué somos?” está de más.

Conversaba con una amiga, quien por estos días disfruta de una relación “sin etiquetas”. Me contaba que por ahora no deseaba tener enamorado, pero sí alguien con quien pasarla bien. Entonces -le pregunto-, si él o tú tienen ganas de salir con otras personas para “pasarla bien”, ¿no hay problema? Rápidamente me contesta: “Las cosas están claras entre nosotros. Yo solo salgo con él y él solo sale conmigo; pero si en algún momento uno de los dos conoce a alguien con quien le interesaría salir, lo decimos y cada quien se va por su camino. Nadie sale lastimado”.

No estoy en contra de las relaciones “sin etiquetas”. Lo que sí rechazo es el engaño. Creo firmemente que, sea cual sea el tipo de relación que tengas (enamorados, novios, amantes, amigos cariñosos, amigos con derecho a roce, salientes o “sin etiquetas”), es preciso ser claros desde el principio.

No es malo tener una relación “sin etiquetas” (si así lo deseas), el problema está cuando no actúas con sinceridad (contigo y con la otra persona). Ahora, si las cosas estuvieron claras y tú cometiste el error de involucrar tus sentimientos más de la cuenta, no te quejes. Piensa que has ganado experiencia y pasa la página.