La escena es típica. Una pareja de enamorados camina de la mano y todo es risa entre ellos hasta que empiezan los insultos en tono de broma y los juegos de manos. Él le dice a ella que es una tonta, mientras ríe y le da palmadas en su rostro hasta voltearle la cara. Ella le responde con un golpe en el hombro y le dice que es un idiota. Él la jala del brazo, la toma por el cuello y la arrastra para seguir caminando. Ella trata de soltarse y él termina por empujarla.
Según la Organización Mundial de la Salud, tres de cada diez adolescentes sufren violencia en el noviazgo. Las agresiones en la mayoría de casos son sicológicas.
La violencia en el noviazgo es toda acción u omisión que daña física, emocional o sexualmente con el fin de dominar o controlar a la otra persona. Insultos, chantaje, ataque a la autoestima, manipulación sutil y los golpes se consideran como violencia de pareja.
La semana pasada, medios de comunicación, instituciones públicas y privadas, redes sociales y todos en general hablábamos de frenar la violencia contra la mujer. Muchos creen que este tema solo implica agresiones físicas, pero no. El daño a una mujer va más allá del dolor corporal; en la mayoría de casos, el maltrato llega al alma y hiere la autoestima.
Este problema no es exclusivo del entorno matrimonial. La violencia en el ámbito de pareja comienza durante el enamoramiento; pero, lamentablemente, pasa desapercibida. Los apodos desagradables, las burlas delante de los amigos, revisar conversaciones en el celular y en las redes sociales o cuestionar la forma de vestir no son muestras de afecto o preocupación, ni conductas normales, son modos de ejercer violencia.
Abre los ojos. Exige respeto. Lo que hoy comienza como una palmadita en la cara, un empujón ligero o un chantaje emocional, puede convertirse en un golpe certero que acabe con tu vida. Reacciona.


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