En Navidad, más de un cristiano aplica el refrán con toda tranquilidad y exigencia, en muchos casos, es decir que tiene carta blanca para hacer las cosas que quiera, estamos apreciando los resultados por todos los medios, especialmente TV, y en el colmo de la trágica ironía, cuando las escenas de la muerte se repiten y lo que es peor en los informativos de la mañana, el mediodía y en la noche, en otros casos hasta en la medianoche, da la impresión que no tuvieran más hechos que hacen la noticia. Y que es que tenemos que tomar decisiones serias y responsables para no incrementar las desgracias, en estas fiestas del 25 y el 31 de diciembre, muchos saldrán de juerga, motivos ya existen, y si es etiqueta azul, mejor, es signo de poderío económico y tontamente se cree que con eso se esta en buen nivel social. Y a seguir "chupando" va a nacer el Niño o hay que dejar al viejo para recibir el nuevo y siguen las disculpas, total la vida hay que vivirla. Al retornar a casa, la pista es el gran negocio, porque en esa invención de triunfalismo, la velocidad es la expresión del triunfo y al sentarnos al volante a 120, 140, 160 Km/h no importa cuánto, nos sentimos más de lo que somos, ya no tenemos los pies de carne y hueso, son los pies de rueda. Eso es suficiente.
Amigos, esas pistas que confluyen a la ciudad de los heroicos, antes era de vez en cuando, ahora es casi todos los días, nos traen el cuadro tremendo, detallado de la muerte, el cuadro de la familia invertida en ese negocio, lo malo que usted que dice: arriba, al centro y adentro, no gozará de esa inversión. Gastó y gastó para matarse, bueno fuera que sea sólo usted, deja en desgracia y para siempre a los que usted tantas veces repitió: son mis amores, los quiero, los adoro y agregó esa inversión: ¡Salud!
Estas fiestas me preocupan, con la disculpa del niño, se profundiza la corrupción, con mayor razón en quienes tendrán por última vez en su vida, la posibilidad de disponer, mandar, regalar y regalar para acallar su conciencia y para salir airoso, el cuerpo lo pide y que sea azul en la cuenta de los niños pasa piola.
Sigamos, ya está usted en la pista, se olvidó el reglamento de tránsito, demás están los policías, da la impresión que están de sobra y lo que es peor ahora ya no son dos, son cuadro, de la PNP y de Seguridad Ciudadana, cuatro ubicados a diez pasos, mirando al que está manejando con ganas de velocidad, no pasa nada, tiene que estrellarse para intervenir, no conocen la palabra prevención.
No debemos darle gusto a las pistas que necesitan dinero y sangre, bueno que esa sangre sea suya, generalmente es de aquel que nada tuvo que ver ni hacer con el salud navideño.
El "salud" también ha incrementado los índices de violencia, estos crecen con secuelas graves para la familia y la sociedad, en las escuelas, en los centros laborales, en los mercadillos, los mercados, cada vez se hace notorio, existe la intimidación física y la psicológica se incrementa con mayor notoriedad. Los investigadores consideran como abuso a los casos de violencia física o psicológica hacia la persona más débil. Golpear o manipular a otros para satisfacer sus deseos personales son ejemplos de violencia. Por tanto, la agresividad es un problema que los niños, los adolescentes, adultos o ancianos no pueden resolver por si mismos; por tanto, los matones como las víctimas necesitan ayuda y urgente.
En estos días de significado mundial y que hasta los incrédulos entran en el festín, es bueno asumir mayores y reales responsabilidades, porque no es bueno lamentar, es mejor prevenir. Que la llegada del mensaje navideño llegue al corazón, a la mente de todos los hombres de buena voluntad, y evitemos las desgracias que como repito, no son personales, son familiares, sociales.

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