Si bien para Aristóteles, el hombre es un "animal político" por naturaleza, esto no significa que se haga de la política una animalidad. La filosofía describe que el ser humano siguiendo la naturaleza, se asocia y vive en comunidad ya que también existen muchos animales sociales.
Esto significa que el hombre organiza la sociedad políticamente, ejerce el poder, es quien obedece las leyes y las ejerce. "El hombre si no vive en la polis esta incompleto, pues por naturaleza tiende a formar una sociedad políticamente organizada", concluye este concepto.
En los últimos días, la prensa nacional y local llenó sus titulares con casos de corrupción contraídos en las diversas esferas de gobierno, lo que hace suponer que en nuestro querido Perú, todavía hay quienes hacen de la política un negocio rentable, que sirve únicamente para llenarse los bolsillos de dádivas, dejando de lado el servicio a la sociedad, a pesar de que sus puestos obedecen a la voluntad popular.
Entonces el planteamiento de Aristóteles, al referirse de que el hombre es un animal político, hoy por hoy, puede complementarse con el dicho de que "hay quienes hacen de la política una animalidad", que se refleja en la falta de interés y el escaso compromiso en atender las necesidades de la población, pensando primero en el lucro personal, asegurando en primer término el futuro de su prole, a costas de nuestros alicaídos bolsillos.
No basta con pedir sanción para las "ratas", como predica el presidente Alan García, cuando refiere que no hay nada que haga más daño al sistema que la corrupción, cuando aparece alguna rata, ratón o insecto. Los peruanos no podemos aceptar que alguien llegue a un cargo público para beneficiarse.
Por ello, no me cansaré en repetir que la desconfianza de la ciudadanía hacia los personajes que interactúan en la política peruana, surge por la ineficiencia que demuestran la mayoría de grupos políticos en los órganos a nivel de gobiernos locales, regionales y nacionales, debido a la ideología de los improvisados que al involucrarse en la política, actúan de manera deshonesta.
¿Es posible ser político sin ser corrupto?. Creemos que sí, pues la animalidad del hombre es superable conforme a la civilización, es decir que en un mundo globalizado se tiende a disminuir los impulsos animales del hombre para no trascenderlos, sin pensar en que la animalidad sea un defecto o un problema, pues esto es la fuente de toda vitalidad y de todo valor.
Entonces, hay que rendir mérito a Aristóteles, el principal filósofo de nuestra historia, quien concluye asegurando de que el hombre que no tiende a formar su perfección en la polis, no logrará la felicidad ya que ser individuo es ser ciudadano, para pensar primero en el beneficio común.
Reflexionemos en la teoría de que a diferencia de los animales y las plantas, el hombre tiene el don de la palabra y con este don se relaciona, habla, dialoga, discute, debate, pregunta y gobierna.
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